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Caballo_Maera_-_Volumen_2_(Octubre_2009).pdf - page 10 / 28

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Por Javier Molina

tu hijo la organizase el malo de ‘Saw’ en el Leroy Merlín.

Aparte de la bronca que te cae por parte del cura (del tipo, “Sí, cabrones, cuando hay una boda y os queréis poner hasta las trancas de jamón me llenáis la Iglesia, pero luego el domingo por la ma- ñana aquí no aparece ni Dios… bueno, Dios sí”), están las ‘intervenciones’ de los invitados.

  • -

    Tengo una ‘boa’

  • -

    ¿Constrictor?

  • -

    No,de un primo mío,

pero es igual de destructiva

Antes de comenzar vamos a aclarar las posiciones, para evi- tar equívocos. Las bodas son una mierda, un coñazo, deses- perantemente largas y, además, un alto porcentaje de ellas son feísimas, horteras y peor que las escenas eliminadas que vienen en los DVD (cinéfilos de pacotilla del mundo, si fue- ron eliminadas, por algo será).

Teniendo en cuenta que voy a alrededor de 500 bodas al año (y en la mayor parte de ellas no soy la novia), tengo el sufi- ciente conocimiento para decir todo esto. Y sobre todo para pedir dos cosas: 1. Gentes del mundo, no os caséis. 2. Gentes del mundo, por favor, si decidís casaros NO ME INVITEIS.

Y es que, lo que se supone que debe de ser un día de alegría, jolgorio y borrachuza se acaba convirtiendo en un 99% de los casos en un coñazo infumable, gracias a toda esa farfolla y cancamusa que lleva detrás una boda. Recuerdo que una vez una persona muy cercana a los novios (o sufridores del ‘Un, dos, tres’) me dijo nada más empezar el show “No veo el momento en que esto termine”. No hay mejor forma de resumirlo.

No hay necesidad de ponerme un traje en pleno verano, de que me fastidien un sábado/domingo/festivo y de tragarme una hora de charla de un tío con sotana echándome la bron- ca y diciéndome que voy a arder en el infierno, porque eso ya lo sé, parlplay (véase Diccionario Hispano-Bolichero de Dudas 2009).

Todo en una boda es un despropósito. Empezando por la ceremonia. Ya de por sí el lugar no es el más idóneo, no se debe celebrar una fiesta en un ambiente tan lúgubre, entre imágenes de crucificados y alguna que otra lápida de alguien enterrado en la Iglesia. Es como si la fiesta de cumpleaños de

Alguien se sube y lee esa ‘Carta a los Corintios’. Que digo yo, habría que ver la cara que se le que- daría a los corintios cuando un tío que no les co- nocía de nada les empezó a escribir cartas. “Joder, ¿esta mierda que es? ¿Más spam de San Pablo? Ale, borrado de la lista de admitidos”. Pero es que encima es un pastelazo. ‘Si no tengo amor no soy nada’ ¡Pero bueno! ¿Quién escribió la carta? ¿Meg Ryan?

Además, es de pocas luces ir a los corintios a con- tarles cosas del amor, después de que durante los cinco siglos anteriores les corrieron a gorrazos y fueron clavados en una estaca más veces que Lucía Lapiedra. Es lo que se conoce como poco tacto.

Una vez pasa el sufrimiento de la ceremonia, gra- cias a $Deity, toca el banquete y, lo peor, sociali- zarse. Como habrán podido comprobar por todo lo anterior no soy una persona extremadamente sociable. Es como si a Silvestre Stallone lo invitan a un club de lectura, está fuera de lugar. Si a eso le añades que me aprieta la corbata, que me muero de calor por la chaqueta, que los zapatos me están matando y que me ha tocado la pata de la mesa… digamos que no es el mejor momento para enta- blar una conversación conmigo.

También están los niños. Te chillan, lloran, pasan por debajo de la mesa, vuelven a chillar, lloran más fuerte, te ensucian de tarta, te tiran de la corbata (suscastas…), te empujan cuando corren, te chillan aún más… “¡Ay que niño más gracioso- ooo!” No, señora, su hijo no es gracioso. Gracioso era Gila, este es un hijoputa.

Ya en el convite, menú standard en función del pastizal que cueste la boda y, casi siempre, jamón del malo. De todos modos seamos sinceros, la ma- yor parte de las personas no distinguen el jamón del malo de la madera de roble cortada en finas lonchas.

Menos mal que alguien, en algún momento de la historia, inventó un elemento que hizo que te olvi- des de todo lo malo que tiene una boda (y de toda la boda de hecho). Gracias, Barra Libre.

A partir de trece, ya apetece

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