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Caballo_Maera_-_Volumen_2_(Octubre_2009).pdf - page 22 / 28

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tantes enteros en estos últimos días: una persona que recoge excrementos de perro mientras el sol se oculta bucólicamente entre las ramas de los árboles no debe de ser su ideal de Príncipe Azul. Todo un crisol de emociones pero alejadas del roman- ticismo, vamos.

FEDERICO F.: ay Arnaldo, alcemos las copas y brindemos por aquel gran consejo que me dio mi madre adop- tiva en su momento: “deja de disipar nuestros bienes en rameras y gin ba- rato, y céntrate Federico, céntrate”. Desde entonces lo llevo marcado a fuego en mi listado de principios y a tinta en mi costado derecho, y creo tu deberías hacer lo mismo. Cén- trate, Arnaldo, céntrate. Esa joven francesa con la que saliste un tiem- po te usurpó demasiado, querido amigo, y desde que ella se fugó con aquel diseñador de moda de barba y nariz prominente no has levantado cabeza. ¡Arriba el ánimo! ¡Brinde- mos por la vida, por los gin tonics de sobremesa y por las entrevistas de trabajo en las que se miente más que se habla! ¡Brindemos por Megan Fox y su reconocida bisexualidad! Además, Arnaldo, y esto en petit co- mité, brindemos por la jovencita que te está mirando, justo a tu izquierda, en la barra. Por su flequillo recto y su forma de pelar los langostinos de San Lucar diría que es de Madrid, y en estas cuestiones Madrid Rocks.

ARNALDO G.: ¿está mirando de veras? ¿Mira ahora? ¿Llevo el pelo bien? Sobra decir que no. ¿Es atrac- tiva? ¿Lozana? No me atrevo a mi- rar, Federico. Tengo el sex appeal menos engrasado que una moto de Mad Max. Dios, me late el corazón al ritmo del Ave María de David Bisbal. ¿Me acerco? ¿Crees que debo acer- carme, Federico? ¿Podría ser la mu- jer de mi vida? ¿Crees que escuchará Jose Luis Perales, como yo? ¿Me acerco entonces, si? Me siento bien, Federico, recuperando la confianza a pasos agigantados. Ya tengo pensada hasta la frase para romper el hielo. ¿La quieres oír, amigo Federico? Pa- rafraseando a un antiguo poeta latino que leí en mi juventud, me debato en- tre decirle “es hora de hacer temblar las paredes”, “de nacimiento machito es mi nombre” o “lo que te falta es un buen revolcón”. ¿Qué te parece, que- rido instructor en las artes del cortejo elegante? ¿Cómo ves el que utilice alguna de estas frases para tratar de cortejar a tan preciada dama?

Federico apura el cigarrillo y, con mirada complaciente, hace lo que tienen que hacer los buenos amigos, los de verdad, cuando intuyen que un camarada va directo a la derro- ta y el cruzado de cara por parte de una refinada señorita si pretende entablar conversación de esa mane- ra. Es decir, Federico lo apoya.

Superhombre, aquí, en el Velódro- mo! ¡Señorita, hágame un sitio en su dehesa que allá que voy con el látigo presto para azotarla!

Un Arnaldo visiblemente excitado, con la camisa por fuera, un pelo que ya quisiera para sí Masiel an- tes de ganar Eurovisión, oliendo más agrio que Willow sin ducharse y derramando el gin tonics sobre la moqueta, se levanta de la silla y se acerca tambaleante a hablar con la señorita que, maldito seas Federico, jamás lo había mirado. Federico se enciende otro pitillo y, observando desde lejos la expresión de infinito odio que va surgiendo en la cara de la joven, apura el gin tonics de Hendricks con la misma expresión con la que la Policía del estado de California observaba al alcohóli- co de David Hasselhoff perder su dignidad tratando de comerse una hamburguesa del suelo.

FEDERICO F.: querido Arnaldo, bendito seas por existir. Así habló Zaratustra, o al menos con palabras semejantes. Qué más da, solo por ello te voy a dedica un poema. A tu salud camarada, derrama una pinta de semen en nuestro honor.

EL POEMA DE FEDERICO A SU AMIGO ARNALDO

ARNALDO G.: pues Barcelona Pa- per. Gana Barcelona. Y de veras, Federico, agradezco tus intentos de levantarme el ánimo, pero debo ad- mitir que el tema ya me resulta tan someramente pesado como el tener que recoger cacas de chihuahua to- das las tardes o que me pidan autó- grafos en la oficina por parecerme al hermano vagabundo de Beetlejuice. Déjalo, de verdad, gracias pero no. Estoy bien como estoy, embutido en mi papel de mártir amoroso y escu- chando emo francés nada más levan- tarme por las mañanas.

FEDERICO F.: que así sea entonces, amigo mío, nada más lejos de que- rer importunarte. Pero mirar, mira mucho. Y ya se sabe que la que mira come.

FEDERICO F.: ¡Adelante, amigo mío, adelante! ¡Ni Lord Byron, ni Romeo, ni incluso el gran Arturo Fernandez podrían haber sintetizado una decla- ración amatoria más adecuada! ¡No he escuchado nunca expresión simi- lar para captar la atención de una se- ñorita del calibre de la que tenemos delante! ¡Abórdala con tan sabias palabras, Arnaldo, y me apuesto 100 guineas de oro y todas mis tierras en Nueva Escocia a que esta noche le enseñas todo lo gordo! ¡Fuerza y honor, Arnaldo! ¡Que la fuerza de tu bolsa escrotal te acompañe!

ARNALDO G.: ¡Si! ¡Sí! ¡Se disipan los nubarrones que ocultaban mi libido! ¡Vuelvo a ver la luz! ¡Hay fu- turo, hay esperanza! ¡El resurgir del

Balones y toallas, a mi me gusta ir a la playa con balones y toallas.

Con lo desorientado que vas, amigo Arnaldo, con la turca que has pillado Te recomiendo que dejes el Hendricks con discreción y recato.

Porque si no te veo, pobre desaliñado, pasando un mal rato. Ya que tendrás que suplicarle a la pareja de tu amada, que con odio desde el baño te mira con expresión de tremendo maltrato

CON LA MANO ABIERTA NO, POR FAVOR, QUE ME DA FLATO.

  • -

    Padre, confieso que he pecado. - Me importa una mierda

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