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Caballo_Maera_-_Volumen_2_(Octubre_2009).pdf - page 24 / 28

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Las confesiones en el diván del Dr. Palomino Saez

Hoy: El síndrome de Guardiola

  • -

    Hola, doctor.

  • -

    Siéntate hijo, siéntate.

  • -

    Gracias. Eh…estoy un poco ner-

vioso, yo nunca… bueno, nunca he estado en un psicólogo. Realmente no creo que sea necesario, pero mi mad…

  • -

    Bueno, ya me comentó tu madre

que preferías venir solo, lo cual com- parto. Déjame un segundo que ter- mine de revisar tu expediente, hijo.

  • -

    Claro, claro. Esto, doctor ¿me ten-

go que tumbar en el diván? Me hace ilusión.

  • -

    Soy el primer sorprendido con todo

esto, pero imagino por donde pue- den ir los tiros.

  • -

    ¿Por donde?

  • -

    Veamos, si usted conoce a mi ma-

dre sabrá que siempre está a la van- guardia de todo, en parte porque es su trabajo y en parte porque le gusta, es su forma de ser y presentarse ante los demás.

  • -

    Correcto.

  • -

    Su círculo de amistades, como a

ella le gusta, es gente de toda clase, profesiones o inquietudes artísticas. Pero con un denominador común.

  • -

    ¿Cuál?

  • -

    Les gusta perder el tiempo.

  • -

    ¿Qué es exactamente lo que te dijo,

Adolfo?

  • -

    Que no concebía QUE NO FUERA

FAN DE NADA.

  • -

    Vamos bien entonces. Sigue.

  • -

    Me soltó que, desde que íbamos

todos juntos más a menudo nun- ca había dicho ser FAN de nada. Que mientras todos a mí alrededor declaraban ser FAN de algo yo me mantenía al margen. Incluso me dijo que me había estado siguiendo por Facebook desde hace un tiempo, y que en 1 año no me había hecho FAN de nada.

  • -

    Aha.

  • -

    Pero, Doctor Palomino… ¿usted

ve esto digno de ser tratado por un psicólogo?

  • -

    No hace falta, eso es solo para per-

sonas que ven demasiado la TV, ya me entiendes. Estás bien donde es- tás. ¿Quieres algo? ¿Café, agua, un zumo?

  • -

    Eh…agua me va bien, sí.

  • -

    De acuerdo, veamos. Voy a leer tu

expediente en voz alta, y cualquier cosa errónea me corriges. Te llamas Adolfo, vives con tus padres, estos son dueños de una famosa galería de arte del centro de Madrid, estudias Literatura Comparada, te gustan las mujeres, fumas cuando sales, bebes pero tampoco nada fuera de lo nor- mal, te gusta el rock, la música clá- sica y el flamenco, estás muy unido a tus abuelos maternos y lo único extraño que hiciste de pequeño fue huir con tus amigos a una playa de Almería un fin de semana para, se supone, experimentar con las dro- gas. ¿Algo que decir o cambiar?

  • -

    Eh…no, nada.

  • -

    Bien. Ah, aquí está el agua. Gracias,

Leónidas. Bien, como decía, fue tu madre la que se puso en contacto conmigo ya que nos conocemos de hace un tiempo. Me comentó algo acerca de un trastorno que sufres, pero prefiero que me cuentes tú pri- mero si crees que adoleces de algo.

  • -

    Aha.

  • -

    El caso es que mi círculo se compo-

ne de hijos o personas relacionadas con el propio círculo de mis padres. Ergo estos son personas con, diga- mos, el mismo denominador común entre ellos.

  • -

    ¿Y eso te molesta?

  • -

    Para nada. Al contrario, socioló-

gicamente es interesante. Solemos salir bastante todos juntos: padres, hijos, primos, empleados, subordi- nados, novios, parejas… etc. Somos como una gran familia alrededor de mi madre. Un día, después de una presentación en la galería mi madre se enfadó conmigo, llevándome al al- macén en un momento de la noche. No diría que estaba enfadada, más bien diría algo indignada.

  • -

    ¿Qué te dijo?

  • -

    Me dijo que me integrara, que si me

pasaba algo se lo dijera ahora.

  • -

    ¿Y no te integrabas, Adolfo?

  • -

    Le juro que no sabía a qué se refe-

ría. Me dijo que no podía seguir así, que mi comportamiento la estaba mosqueando. Pero lo que me sor- prendió fue otra cosa que me dijo.

  • -

    Si, por eso estás aquí Adolfo. No

eres el primero que sufre de este trastorno, así que relájate. En térmi- nos de Psicología Modernista sufres de lo que se llama Síndrome Auto Inducido De Tener Demasiado Cri- terio, más conocido como Síndrome de Pep Guardiola.

  • -

    Doctor, no lo entiendo.

  • -

    El que no entiendes eres tú, Adol-

fo. ¿Cómo puedes NO SER FAN DE NADA? ¡Tienes que ser FAN de algo, por el amor de Dios! ¿No lo compren- des, con todo lo que hay ahí fuera?

  • -

    En serio, que no.

  • -

    Veamos, veamos. Respira, relája-

te. Debes abrirme tu mente. Adolfo, debes dejarme entrar en tu yo cog- noscitivo. Te voy a hacer una serie de preguntas, espero que seas sincero.

  • -

    Como le dice el 3 a 30, que sea sin-

cero si quiere ser como el. En fin qué remedio, dispare.

  • -

    Veamos. ¿Eres FAN de las patatas

bravas?

  • -

    No.

  • -

    ¿Y del niño que va al dentista, lo

drogan y hace como que ve drago- nes púrpuras sobrevolando Michi-

Los de Caballo Maera están TACO DE BUENOS. Bueno, en verdá no.

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