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CUADERNOS DE VIVIENDA Y URBANISMO. Vol. 2, No. 3, 2009: 124 - 151

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En esta tarea, el desarrollo del mercado de arren- damientos puede hacer un aporte signicativo, en la medida en que, su oferta se incremente me- diante la generación de unidades nuevas con este destino, y se apoyen los procesos de producción social orientados hacia la redensicación. Esta necesidad, resulta justicable, si se tiene en cuen- ta la evolución en la distribución de los hogares, según tenencia registrada por la Encuesta de Calidad de Vida, ECV, del DANE. Según ésta, entre los años 2003 y 2008 se ha incrementado la proporción de hogares arrendatarios a nivel nacional 31,4% a 31,6%, y de ciudades como Bogotá 41,6% a 42,3%.

En este sentido, se destaca la importancia que la política de vivienda contemple un sistema de estí- mulos, que promueva la generación de una mayor oferta de arrendamientos, como los contempla- dos en la Ley 820 de 2003, para empresarios de la construcción, otros que apoyen a los hogares que deseen desarrollar áreas para alquilar, tipo créditos Plan errazas.

Ahora bien, ante el propósito de intervención sobre el mercado de arrendamientos, mediante la implementación de instrumentos de política pública, en este caso particular, orientada hacia el segmento especíco de la población que in- volucra hogares económicamente vulnerables. Resulta fundamental, reconocer los mecanismos de transacción inmobiliaria que funcionan en este ámbito, esto es, acuerdos de carácter personal, sin la intermediación de profesionales o instancias operadoras especializadas. Esta situación que responde, en buena medida, al costo que ello implica para el demandante y en la contraparte, a que este segmento del mercado no despierta in- terés para este tipo de oferente la participación de empresas encontrada comprende el 2,3% de la población de arrendatarios.

Del lado del componente de la oferta, repre- sentada a este nivel por hogares arrendadores,

la prestación de este servicio no opera bajo una lógica de acumulación de ganancias inversión en espera de rentabilidad, sino motivada por la posibilidad tangible de consolidar una fuente de ingreso segura, que complemente, o en algunos casos, soporte completamente el sostenimiento del hogar.

Considerando los resultados del trabajo, ade- lantado por el CENAC, tanto los obtenidos vía técnicas de investigación cuantitativa como cua- litativa, la naturaleza de este agente oferente llega al punto de no reconocer, abiertamente, su parti- cipación en este mercado como una oportunidad de negocio, de manera que resulta viable armar que, frente a cambios positivos en su situación económica, la oferta de arriendo habitacional podría resentirse.

Por el lado del hogar arrendatario demandante, éste se puede considerar como un agente que actúa bajo parámetros asociados a una relativa racionalidad urbana–habitacional. En este sentido, no obstante, el hogar arrendatario enfrenta problemáticas sociales, similares a las de cualquier hogar pobre en nuestro contexto inseguridad, limitaciones en infraestructura de servicios y equipamiento, entre otros. La vivienda que ocupa, ofrece un acondicionamiento físico favorable, por lo menos a nivel de los aspectos de carácter estructural, que denen carencias habitacionales: localización en lugares no afectados por la presencia de factores de riesgo inundaciones, avalanchas, y demás; accesibilidad, tanto por la disponibilidad y estado de las vías, como por el servicio de transporte público; con cobertura de los servicios públicos domiciliarios básicos

  • acueducto, alcantarillado, energía. Todo lo

anterior, en barrios de la ciudad actualmente consolidados, de carácter predominantemente residencial y legal, contrario a la situación característica de hogares-pobres, propietarios de unidades localizadas en sectores periféricos y deprimidos de las ciudades.

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