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Edgardo Adrián López - page 18 / 32

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cada vez más, un diálogo pacífico para resolver la contradicción entre labor y capital. Cierto que el orden pos/liberal, con el monopolio de los medios de comunicación, ha diluido y fragmentado la conciencia de clase, desplazando de una discusión política y pública, las inequidades reales, pero hizo viable

una autosuperación [de la lucha de clases aunque sin la supresión de un tipo de ...] producción [...] que persigue fines no generalizables”. Sin embargo, “[... son] las constelaciones de poder [político y democrático ...,] las que [decidirán] si la estructura de clases [habrá] de diluirse y si resultará afectada la contradicción intrínseca al principio de organización capitalista, así como el grado en que ambos procesos podrán cumplirse (Habermas, 1986: 58).

En consecuencia, la refriega entre las clases ha sido eliminada y las contradicciones entre el valor que se “autoproduce” y la tarea, fueron suavizadas por la intromisión del Estado, gracias a la proliferación democrática, parlamentaria, legalista y pacífica de una “acción comunicativa” sin barreras de dominio. Ese reemplazo del conflicto por el “compromiso” de clases, puede observarse en la determinación política concertada del salario, pues allí irrumpe que

[...] la coalición entre empresarios y sindicatos obreros[, incide en una] formación de los precios de la mercancía fuerza de trabajo[, que impide] igualar el salario medio con los costos de reproducción [del obrero], y [prejuzgar] si la lucha de clases ha operado como estabilizadora [...] (Habermas, 1986: 75-76).

Con este “enfoque” de lo coetáneo, concluye que es mejor desechar la teoría del valor y suplantarla por una teoría de la acción comunicativa (1989b), mucho más abstracta y con un poder “explicativo” general, dado que se independiza del determinismo económico estrecho, considerando el rol del lenguaje, del entendimiento, del aprendizaje y de las normas de legitimación democráticamente consensuadas25.

25 Y es que “pulula” un “sociocentrismo”* o una “mitosociología” que remacha que lo nuclear en la vida de los hombres son los valores, los signos y las reglas**. Frente a un desproporcionado idealismo, es impostergable subrayar que los agentes no son espíritus que existen gracias al “consumo” de normas, valores y signos, sino que entablan determinadas relaciones de género, conforman ciertos tipos de familia, ejercen comercio, laboran de determinada manera, se vinculan con la biosfera de otra, etcétera.

La respuesta no se encuadra en la lógica de lo que habría sido “primero” o de lo que tendría “primacía”, sino en que la descripción, comprensión y explicación de cómo viven concretamente los individuos, no puede conseguirse acentuando aspectos meramente subjetivos, sino que también hay que ponderar los modos terrenales de existencia, en una dialéctica enmarañada de base y superestructura.

*(Piaget, 1977b: 9).

**(Piaget, 1977b: 8, 10).

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