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Edgardo Adrián López - page 19 / 32

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3. La contracara de lo enunciado

No obstante, el co fundador de la Internacional, ya refutó a quienes consideraban los factores que ayudaban en el proceso de valorización como fuentes “alternas” en la creación de valores, y a otros para los cuales los problemas de la tarea asalariada subordinada al capital, eran eliminables a través de un “compromiso humanitario” entre las clases en pugna (Marx, 1975). También deconstruyó a aquellos que, de cerca o de lejos, pensaban como el economista italiano M. P. Rossi, el cual afirmaba que

[el] progreso social no puede consistir en disolver toda asociación, sino en reemplazar las [organizaciones] forzadas y opresivas por asociaciones voluntarias y equitativas, [que no despojen] a la [potencia] individual ni de su energía, ni de su moralidad y responsabilidad (Mordejái Marx Levy, 1971: 92).

En cierta escala, Habermas no es muy diverso de Rossi en la medida en que el primero cree que las comunas desgarradas en clases, son formaciones que instituyen modos de acción comunicativa que están “distorsionados” por el dominio, los que deben ser suplantados para que las asociaciones sean humanas y voluntariamente vinculantes. Tanto el uno como el otro, reprimen desde la teoría que para que esa alucinatoria transformación ocurra, se tiene que intentar cambiar la manera en que producen los individuos, modo que hasta el presente, consistió en volver la subjetividad, la alteridad y la vida misma en objetos de disposición, “administración” y poder. Desde determinado punto de vista, en tanto los conflictos parecen solubles por un diálogo democrático y pacífico, Habermas está más acá de la crítica de Marx y Engels a la ideología alemana, la cual pretendía la conversión ideal del mundo a través de una nueva conciencia y su trastrocamiento, por el mero “poder” de la palabra (Marx y Engels, 1985a).

En cuanto a la presunta “universalización” de las nociones del “materialismo histórico” y en lo que se refiere, por esa vía, a la imaginaria supresión de los componentes esenciales para la crítica de la Economía Política, con el objetivo de “jibarizarlos” en una teoría de la comunicación, podemos afirmar que dicha generalización en el fondo, opera un vaciamiento discursivo de los conceptos, que los conduce a perder toda efectividad axiológica para la intervención práctica revolucionaria.

Si el suegro de Lafargue insiste en el estudio de las labores (y del valor, en el caso del capitalismo), no es porque reduzca lo social al “caosmos” (Guattari, 1996)

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