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Edgardo Adrián López - page 21 / 32

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[y condicionaban que] el [despliegue] histórico mismo [fuese independiente de la voluntad de los individuos]” (Marx, 1971: 91-92).

La labor extrañada es entonces, un modo de trabajo que no le permite ser “en sí”, tesoro y se convierte en una “forma” que devasta la otredad, comprimiéndola en la dimensión productivo/instrumental, con lo que coloca a mujeres y varones ante la imposibilidad de intervenir en la Historia. Es decir, la tarea enajenada es una forma deficiente para la injerencia de los hombres en el curso de los acontecimientos, objetivando la Historia en un proceso que unidimensionaliza a los agentes (Marx, 1971: 131; Lipsitz, 1992a).

Conviene aclarar que superado el “reino de la Necesidad” y de la “economía parasitaria de la biosfera”, la labor dejará de ser no únicamente enojosa, sino el principal tipo de praxis social28. En efecto, para los jóvenes Engels y Marx de la deconstrucción de la ideología alemana, el socialismo será el comienzo del fin del imperio del trabajo, lo que se ahondará en el comunismo. Por eso, si existe la alternativa de un ocaso de la tarea es dable entender el socialismo como una colectividad del fin del trabajo. Por lo que cabría gubiar, que la tarea no es nodal en el pensamiento del admirado por el General, querido por las hermanas Burns.

Recurriendo a lo que veníamos argumentando, surge que la labor no sólo empobrece la subjetividad, al trabajo en cuanto tal y a la historicidad, sino en paralelo a lo que es riqueza. La tarea forzada y extrañada de su humanidad, es incapaz de generar todo el tesoro que se podría potencialmente suscitar, acorde al desenvolvimiento de las fuerzas productivas. Tal riqueza es además, irracional: carece de sentido que la génesis de tesoro “destinada” a los individuos, signifique que una gran parte de ellos sea sacrificada o privada de él.

Por añadidura, Marx deshilvana el modo absurdo e ilógico en que el desarrollo potencial de la humanidad, por medio de la dialéctica fuerzas productivas-modo de producción/nexos intersubjetivos, es encuadrada en un “método” que justamente, entorpece dicha dialéctica. La forma enajenada del trabajo se halla en contradicción con el despliegue de mujeres y varones, y con la dialéctica en juego. Al contrario de lo que se desprende de Habermas, las comunidades clasistas no son asociaciones que puedan potenciar el desarrollo humano, a través del aprendizaje suprasubjetivo. Habiendo aparecido en varios momentos de la Historia, “puntos de bifurcación”, el nacimiento de las sociedades de clases fue una elección “evolutiva” errónea que, luego

28 Para una visión contraria, cf. (Lipsitz, 1992b). Completar con (Mordejái Marx Levy y Engels, 1985a).

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