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Edgardo Adrián López - page 3 / 32

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que un determinado porcentaje3 de la sociedad (las clases dominadas) deba suscitar coactivamente, plusproducto, sino que la tarea sea socialmente “vinculante” en cuanto proceso de “comunicación”. Y es que la “crítica” del epígono de Adorno, procura reducir los conceptos nodales de lo que se (mal) denomina “Materialismo Histórico” (que a su vez, se “traduce” como “marxismo”...), a términos de teorías de la acción, del diálogo y del aprendizaje colectivo. Esa destrucción lo lleva a una puesta entre paréntesis, de la teoría del valor.

Aunque no nos detendremos en un estudio minucioso de los mecanismos discursivos que hacen de la supuesta “reconstrucción” del “materialismo histórico” una negación, es conveniente exponer algunas ideas, con el horizonte de entender cómo se desplaza la teoría del valor en la explicación del capitalismo “pos/liberal” o “tardío”. En esa resistencia, psicoanalíticamente deconstruida, Habermas se atrapa a sí mismo, en la idea leninista y soviética, respecto a que el lexema “trabajo” en el padre de Laura, es central, lo que negamos con énfasis.

2. Introducción: los “dislates” de Marx

Tal cual lo adelantamos, el autor de una Hermenéutica de la comunicación con intenciones de ser una Pragmática Universal, sopesa que la labor en sí es una forma de “conversación” y de construcción de lo subjetivo. Además, en tanto medio de “control” intra y extra social es una estrategia de aprendizaje para el dominio de la

3 Una de las cuestiones que habría que revisar con serenidad de los asertos de los creadores de la “tradición” a la que adherimos, es la idea de que con el despliegue del orden burgués la cantidad de población que se vuelve atareada por el capital, se incrementa. Lo que actualmente parece suceder, es que el porcentaje de población que se abulta es el de los distintos miembros de los “grupos subalternos”, puesto que el “nivel de vida” se encarece sucesivamente y entonces, la “línea” que separa a los integrantes de los “conglomerados hegemónicos” de los “conjuntos dirigidos”, se torna cada vez más inalcanzable para éstos.

Dentro de los “grupos subalternos”, la cantidad de mano de obra expoliada por capital no impostergablemente debe aumentar; es probable que se conserve más o menos, constante o estacionaria y que, gracias a la composición orgánica del capital en continua alteración, la productividad del trabajo compense su no incremento. En consecuencia, el aumento del número de pobres no es sinónimo necesariamente, del abultamiento de la cantidad de obreros sometidos al capital, mas sí del incremento de los que son absorbidos por las enmarañadas “constelaciones” de los no acomodados.

El descuido de esos matices, es lo que permite que afloren “teóricos” de la sociedad “informacional”, de la “opulencia” o del capitalismo “postindustrial”, que esparcen que la clase obrera “típica” está disminuyendo o desapareciendo, en un parergon en que el “nivel de vida” aumenta para todos (! en los USA de 2007, hubo aproximadamente 40 millones de desamparados o “vulnerables”, entre indigentes y pobres..., aun cuando se lo niegue; en la Argentina de octubre de 2009, encuestas no oficiales arrojan que un 40 % de la población es pobre, pero ello no significa que todos esos “vulnerables” sean mano de obra aplastada por el capital).

(Castells, 1999).

(Galbraith, 1984).

(Touraine, 1972).

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