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Edgardo Adrián López - page 7 / 32

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En primer término, la continuidad del régimen a pesar de las depresiones cíclicas9, indica que su lógica cambió sustancialmente. En el capitalismo postburgués, las

9 En lo axiomatizado, detectamos varios puntos a rebatir:

1.

Las depresiones cíclicas no son todas cracks que ponen en riesgo la continuidad del modo de producción capitalista, puesto que el suegro de Aveling evalúa que al lado de las crisis de superproducción, pueden haber debacles comerciales, de crédito, financieras, de especulación, etcétera;

2.

así, es probable que a lo largo de la historia del “sistema”, haya habido au fond, acaso dos grandes crisis catastróficas o genuinamente “volcánicas”, a partir de las que el capitalismo pudo haber desaparecido: la debacle del siglo XVII y la del famoso martes 13 “negro” (un Wallerstein* poco afortunado y defensor de Weber** y de los “gigantescos ‘ideales’” de los EEUU***, niega que haya asomado alguna vez un verdadero cracks sistémico, dado que recién debiera aflorar proféticamente, entre los próximos 50 años a partir de 2006 -!!!) ;

3.

aunque fuese acertado que el refugiado en la vieja Albión, no pudo articular una taxonomía más o menos sofisticada de las crisis que incluyera las de legitimación, no es menor que tanto él como Engels, estaban asombrados de la capacidad de supervivencia del orden contemporáneo (Marx, “60. De Marx a Engels. Londres, 13 de febrero de 1863”, en Marx y Engels, 1975: 125 -citamos de esa manera sui generis las cartas en juego, “rompiendo” un poco con las normas internacionales..., a raíz de que tales pautas dificultarían o hasta impedirían ubicar las lettres, sea en los volúmenes de ediciones en otras lenguas, cuanto en los tomos en castellano).

4.

No obstante, lo que el admirado por Marx sostiene, en una carta dirigida a su compañero, es que en Francia hubo una depresión política, a la par que en el mundo burgués, había un crack de sobreproducción (Engels, “De Engels a Marx. Manchester, 26 de abril de 1853”, en Marx y Engels, 1975: 51). Por lo tanto y a su manera, el General intuyó la posibilidad de las tan mentadas “crisis de legitimidad”, a las que alude con obcecación, el heredero de la marketinera Escuela de Frankfurt.

5.

Tampoco hay que imaginar que los dos camaradas, estaban convencidos de que el modo de producción capitalista sería fácilmente “superado”, acorde a lo que nos quiere imponer a golpes de sofismas, el antimarxista estadounidense Schwarzschild****. La pareja de la hermosa Jenny, imagina que si hubiera una revolución que condujera al socialismo en toda la cansada Europa, acaso no podría sobrevivir, puesto que el régimen pujante en otras áreas del mundo, sería apto para hundir a ese naciente “orden” socialista (Marx, “42. De Marx a Engels. Londres, 8 de octubre de 1858”, Marx y Engels, 1975: 104).

6.

En otra misiva, se difunde que la sobreproducción puede ser tal, que ayude a disolver con velocidad la debacle: “[... no] se me aparece claro el modo en que ha sido absorbida la masa de superproducción que provocó la crisis; este reflujo tan rápido [...] nunca había ocurrido antes” (Engels, “41. De Engels a Marx. Manchester, 7 de octubre de 1858”, en Marx y Engels, 1975: 102).

*(Wallerstein, 2006: 116, 120, 148, 153 -en particular esa última hoja, entre otras).

**(Wallerstein, 2006: entre otras páginas, 114, 119, 121).

***Alrededor de la defensa a ultranza de los “iluminados ‘valores’” de los USA, conviene tipear sus palabras, que lo revelan no únicamente chauvinista, sino que muestran, tal cual lo había sospechado desde que lo leí, que en absoluto es marxista, sino a lo sumo el ala “izquierda” de la Escuela de los Annales y un ecléctico acomodaticio sazonado con Weber: “No soy una persona que denigre los ideales estadounideneses. Los encuentro maravillosos, refrescantes incluso. Los estimo, los invoco, los promuevo [...]” (Wallerstein, 2006: 135, entre otros topoi). ¡Y luego esa clase de “intelectuales” son los que, como Habermas, le enmiendan la plana al amado por “Lenchen”!...

****(Schwarzschild, 1956).

En redor de un trasfondo ideológico “llamativo”, es ineludible puntuar que El prusiano rojo integra una colección de biografías de “personajes” célebres, entre los cuales se encuentra el Emperador a quien Beethoven, le dedicase una de sus inmortales sinfonías. El asunto es que, mientras el “biógrafo” neoyorquino del alejado de Bakunin lo defenestra, el que habla acerca del esposo de Josefina, elogia sus “múltiples” cualidades, cayendo en el homenaje de los hombres “superiores”. Nos surge que esa “variación” no es casual, sino que se conecta con el “espíritu” que anima la colección.

(Santangelo, 1952).

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