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Edgardo Adrián López - page 8 / 32

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fracturas sistémicas que derivan parcialmente, de las contradicciones en el proceso de reproducción del capital en escala ampliada, han sido reemplazadas por crisis de legitimidad, de tal manera que la consecuencia inmediata de cada debacle10, no es la clausura potencial del sistema, sino la conformación de nuevos mecanismos de legitimación. Estos mecanismos posibilitan conservar el reparto desigual de la riqueza y permiten mantener la extracción de supervalía, sin sufrir ni a corto ni a mediano plazo, las periódicas depresiones de sobreproducción. Al menos, la eficacia discursiva del sistema político estatal promueve que las clases en lid, estén de “acuerdo” en sobrellevar la situación, con lo cual dichos cracks no son un acaecer que enfrentaría a los grupos sociales, ni revelaría una lucha latente desplazada11.

Según el autor, las debacles cíclicas pudieron ser absorbidas por los mecanismos de democracia parlamentaria y de discusión racional tendientes al consenso, a raíz de que el Estado adoptó un rol protagónico y porque asomaron nuevas maneras de gestar plusvalía, independientes del llamado “trabajo productivo”. El inédito papel del Estado, invirtió el “tradicional” nexo entre economía y política, de modo tal que interfiere12 donde constata disfunciones del sistema, superando o mitigando las crisis.

Una de las formas concretas con las que cuenta el Estado para transformar las depresiones periódicas, en déficits de legitimación, es inducir absorciones fuertes de

10 Además de indicar que el retórico que estuvo de moda en la nefanda década de los ‘90 en la mayoría de los claustros universitarios en la golpeada Latinoamérica, confunde entre “fracturas” que “bifurcan” el capitalismo y crisis periódicas, zurcimos que el acontecimiento sobre que cada debacle que aflora cada diez años, no sea terminal, aun cuando la mala costumbre dogmática de los aparatos/partidos de izquierda lo vaticinen de rato en rato (Wallerstein se emboba en ello...), se explica por lo advertido en nota 9. Pero de ahí a que los supuestos cracks de legitimación, hayan reemplazado incluso las depresiones rotativas leves y no estructurales del régimen burgués, existe un trecho bastante pronunciado...

11 Otro de los mecanismos discursivos predilectos del “abogado” de Popper, se apoya en que homologa sin decirlo, “lucha de clases” con “conflictos callejeros”, con lo cual, al no detectarse desde hace tiempo esa especie de “barricadas”, sentencia que ya no hay puja entre clases (!). Por lo demás, que las clases dominadas y el resto de las aglomeraciones no destacadas de los países más industrializados, hayan extraviado el interés por revolucionar el capitalismo, no implica que el conflicto entre clases se haya desvanecido o que la clase obrera haya desaparecido, sino que apunta a los aceitados mecanismos de domesticación ideológica y libidinal*, con el que cuenta un sistema inteligente en el “arte” del dominio, como es el modo de producción burgués.

Ésa es una de las razones para sospechar que la lucha de clases está latente, al contrario de lo que anhela obligarnos a creer el que se aleja de Marcuse.

( De alguna forma, sería dable sostener que en los tres volúmenes de El capital, su agobiado escritor estableció que el orden contemporáneo “oscila” entre “etapas” en las cuales el Estado es intervensionista y otras en la que lo es menos, por lo que no es exacto que haya estipulado ciegamente que el Estado es una sencilla superestructura, dependiente de los ritmos de la base.

Observemos de paso, que Habermas está igualando implícitamente, “basis” con “economía”, lo que es más propio de Lenin, Plekhanov, Engels, Kautsky, etc., que del suegro de Longuet.

(Marx, 1983 a).

(Marx, 1983 b).

(Marx, 1983 c).

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