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Leyendo día a Día en Timoteo y Tito - page 25 / 76

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no consagrados al Señor. Mencionaremos cinco ejemplos:

(a) Hemos visto en el libro de Hechos la sujeción de Pablo en no ir a Éfeso hasta llegar el momento señalado por Dios. También se ve el carácter del buen Apolos y su disposición de aprender, 18.24 al 28. En contraste hay la advertencia a los ancianos, 20.30, sobre los peligros que pueden surgir de entre ellos mismos.

(b) En Efesios 4.7 al 16 aprendemos cuáles son los resultados del buen uso de los dones que Dios ha dado. (Por cierto, éste puede llamarse el pasaje fundamental sobre el porqué de los dones). En Colosenses 2.4 al 8 se presenta lo opuesto, a saber, los daños que pueden causar los maestros que no se sujetan a Cristo.

(c) En 1 Timoteo encontramos hombres dedicando a Dios su habilidad y don: los obispos en capítulo 3, el buen ministro en capítulo 4 y los ancianos en capítulo 5. En contraste, en 2 Timoteo 2.17,18 encontramos el caso de Himeneo y Fileto, hombres también dotados pero haciendo la obra de Satanás.

(d) Se nota la comparación que Pedro hace: En 1 Pedro 4.10,11 dice que, “Cada uno según el don que ha recibido, ministre a otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios ... para que en todo Dios sea glorificado”. En un tono similar dice en 5.1 al 4: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros ... apacentad la grey de Dios, cuidando de ella ... y cuando aparezca el príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona”. Pero, en 2 Pedro 2.1,2 él trata un tema muy diferente: “Hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros, falsos maestros que introducirán encubiertamente herejías destructoras, aun negando al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado”.

(e) Nótese también que las epístolas de Juan y las cartas del Apocalipsis están llenas de alertas en cuanto a los que enseñan lo malo.

11 La necesidad de hoy

Todo esto contiene lecciones para nuestros tiempos. Existen todavía los mismos peligros: el peligro de dejar el primer amor, el peligro de no dar el debido lugar a la Palabra y el peligro de hombres competentes que han perdido la comunión con Dios y se han convencido que son muy importantes. Muchos entre el pueblo de Dios han caído ya en estos peligros, y a los mismos todos nosotros estamos expuestos.

La condición actual de las cosas es muy parecida a la que se ve en las epístolas para Timoteo y Tito. Con confianza podemos buscar en ellas las advertencias y los alientos que nos hacen falta.

Las asambleas existentes en una época pasada recibieron mucho ministerio sobre la doctrina; era lo que más necesitaban. Algunas verdades en cuanto al carácter de la dispensación actual, la vocación celestial de la Iglesia, la unidad de la Iglesia, la segunda venida de Cristo, el futuro de Israel y otras doctrinas fueron sacadas a la luz después de siglos de olvido. Las tales verdades extrajeron los santos de las organizaciones eclesiásticas donde se encontraban y los unieron en su nueva separación. Era natural, pues, apreciar y ministrar estas verdades.

Todavía es necesario este ministerio doctrinal, y será necesario mientras hay la profesión de fe sin el cambio de vida, la condición tibia de algunos que daban gran promesa, el surgimiento de perturbadores, y más que todo una voluntad de conformarse al mundo. Siendo así, mucha es la falta que nos hace un ministerio de amonestación, subrayando a menudo las exigencias impuestas sobre la conducta particular por la verdad que profesamos como nuestra. Es en este sentido que las últimas epístolas escritas por Pablo tienen un gran valor hoy día.

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