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Leyendo día a Día en Timoteo y Tito - page 27 / 76

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En 2 Timoteo 4.3 leemos de una enfermedad que es lamentablemente común en nuestros tiempos modernos. Es la comezón de oir.

En 2 Timoteo 4.17 hay la palabra que carcome como gangrena, la cual se reproduce y se desparrama.

14 La enfermedad espiritual

Habiendo en el medio estas enfermedades, ¿no hará falta la doctrina sanadora? Los enfermos y enfermizos entre el pueblo del Señor son muchos. Sería provechoso para cualquiera de nosotros probar su propia condición, como hacemos con tanta prontitud si sospechamos la salud de nuestro cuerpo. Muchos de los síntomas son parecidos y por lo tanto no debe ser difícil descubrir algunas de las enfermedades espirituales.

Por ejemplo, la primera advertencia de una enfermedad es a veces un cansancio que nos quita las ganas de trabajar. Nos falta energía, y las tareas que antes eran placenteras se vuelven onerosas. Ahora, si administramos esta prueba a los creyentes, ¿no encontraremos muchos enfermos?

Descubriremos algunos con tan poca fuerza que casi no pueden reunirse con sus hermanos; ellos dicen que esto se debe a la condición de su cuerpo pero en realidad la causa es una enfermedad del corazón espiritual. Otros no se han debilitado tanto; ellos asisten regularmente pero les falta la fuerza para prestar una ayuda, bien sea en el evangelio o entre sus mismos hermanos. Los inconversos tendrán que ir al infierno sin aviso y otros hermanos tendrán que llevar a cabo las funciones de la asamblea, porque estos enfermizos no piensan levantar la mano.

Otro síntoma aplicable a la enfermedad corporal y a la espiritual es la falta de apetito para la comida buena. En ambos casos esto se manifiesta de varias maneras. A veces los enfermos quieren comer una sola cosa y otras veces buscan lo que no les conviene. Esto es parecido a la comezón de oir en 2 Timoteo 4.3. Más común es el caso de la persona que come pero no crece espiritualmente; por cierto, frecuentemente hay gran desperdicio, quizás debido a la gangrena, 2 Timoteo 2.17, o una conciencia cauterizada, 1 Timoteo 4.2.

También merece atención la señal de la disposición altercadora o de pugnacidad. Aunque uno suele tratar muy correctamente a sus prójimos cuando está de buena salud, muchas veces se pone bastante difícil con los que le cuidan de una enfermedad dolorosa. Si nos es difícil vivir con nuestros hermanos en la fe, y si poco o nada provoca un roce, ¿no debemos sospechar que nuestra salud espiritual se ha debilitado? Lamentable mente, los demás se dan cuenta de este síntoma más rápidamente que uno mismo.

La doctrina sanadora, o la sana doctrina que el apóstol enseña, es buena medicina para todas estas enfermedades. Mientras más de ésta se tome, mejor; quizás ella tendrá un sabor amargo al principio, pero si uno la toma regularmente verá que sí da gusto más adelante.

15 La sana doctrina

Su contenido no es ningún secreto, como es el caso con tantos remedios humanos. La receta no está en latín, como las mal escritas notas de tantos médicos. Si uno lee los pasajes ya citados, tomados de las tres epístolas que estamos estudiando, sabrá de qué se compone este remedio divino. Vamos a comentar sobre algunos de sus ingredientes.

Primeramente, esta doctrina robustecedora se compone en mayor parte del evangelio por el cual fuimos salvados al principio. Es “la sana doctrina según el glorioso evangelio del Dios bendito”, 1 Timoteo 1.10,11. El remedio ha sido bien comprobado, porque una y otra vez se ha visto que el evangelio presentado en el poder del Espíritu no sólo toca a los pecadores sino también ayuda a los salvos. Una enfermedad espiritual que no responde en nada al evangelio es un caso extremadamente grave.

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