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Leyendo día a Día en Timoteo y Tito - page 34 / 76

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“Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia, manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar”, 1 Timoteo 1.18 al 20.

Es apropiado que este primer pasaje tenga que ver con lo que es el comienzo interno de quizás todos los fracasos. Se exhorta a Timoteo que, al proseguir la responsabilidad suya, guarde la fe y la buena conciencia. En el 1.16 Pablo ya ha destacado la importancia de éstas. Es muy imprudente el marinero que echa al mar su brújula; algunos creyentes habían echado de sí la buena conciencia y habían naufragado en cuanto a la fe.

En este asunto Pablo había tenido mucho cuidado. En Hechos 23.1 él dice, “Yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy”. En Hechos 24.16 dice, “Por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres”.

El contexto que en esta última cita se presenta nos da una comparación interesante. Las primeras palabras, “por esto”, ligan la aseveración con lo que procede, “teniendo esperanza en Dios ... que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos”. Es la fe que Pablo tiene en la resurrección a que se refiere él al decir “por esto procuro”. Se ve que su cuidado en mantener una buena conciencia estribaba, en parte por lo menos, en su fe. Esto nos hace pensar otra vez en 1 Timoteo 1.5 donde la buena conciencia viene ligada con la fe no fingida.

26 La mala conciencia

Al otro extremo encontramos a Himeneo. En 1 Timoteo 1.20 él desecha la fe y en 2 Timoteo 2.17,18 él enseña error tocante a la resurrección, cosa que Pablo defendió. Lo dicho en cuanto a Himeneo debe servir de advertencia de cómo se desarrolla el mal. Este hombre empezó descuidando su propia conciencia; luego, él perdió su propio testimonio; por fin, sus enseñanzas trastornaron la fe de otros.

El cuidado por parte de Pablo y el cuidado que exige a Timoteo nos recuerdan del cuidado que debe ser nuestro. Cualquiera que sea el éxito que hayamos tenido hasta ahora en mantener la buena conciencia sin ofensa, no estamos fuera de peligro. Por lo regular, aunque no siempre, problemas de esta índole surgen como consecuencia de haber tolerado pecados pequeños, teniendo temor sólo de los que parecen ser grandes. Si nos prestamos a ellos, crecen, y al crecer dejan la conciencia cada vez más cauterizada. El resultado es que mayor progreso en el mal es cosa fácil y por fin habrá naufragio.

Cuando la conciencia pierde su sensibilidad, o es cauterizada, ella no es una prueba fidedigna de nuestra condición espiritual. Cuando es tierna y bien instruida en las Escrituras, funciona de guía eficaz, pero al encontrarse adormecida, es peor que inútil. En 1 Corintios 4.4 Pablo escribe: “De nada tengo mala conciencia”. Dicho por labios como los suyos, esto vale mucho. En boca de uno cuya conciencia ha perdido su sensibilidad, no cuenta para nada. Pero aun el apóstol tenía que agregar, “No por esto soy justificado”.

Muchos creyentes pueden sentarse bajo el más penetrante ministerio y guardar un semblante agradable todo el tiempo, y es porque tienen una conciencia insensible. Los tales son los más difíciles para ser llevados al arrepentimiento excepto, como sucede a veces, Dios les castigue severamente. Esto es semejante a lo que Pablo parece haber tenido en mente en cuanto a los dos en el 1.20; él menciona que ellos habían sido entregados a Satanás para aprender a no blasfemar. Que su experiencia nos sirva de advertencia.

27 La apostasía

La segunda de estas desviaciones de la fe, las cuales reciben tanta atención en 1 Timoteo, se encuentra en 4.1 al 3: “El Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por

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