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Leyendo día a Día en Timoteo y Tito - page 37 / 76

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El camino comercial viene a la vista en 6.5 al 11, y encierra aquellos negocios que alejan a uno de la fe. Su mal predominante es el afán por el enriquecimiento, la avaricia. “Los que quieren enriquecerse”, 6.9, es una descripción apropiada para muchos, y cada hermano del cual se puede decir esto está caminando con su espalda a la fe. Más adelante, en 6.17 al 19, se encuentra una exhortación para “los ricos de este siglo”. Esta se refiere a los que ya son ricos, y por cierto para ellos los peligros abundan.

Pero, en peores circunstancias están los que quieren ser ricos. El apóstol amontona una figura sobre otra para advertir a los tales. Ellos se extraviaron y fueron traspasados, como si se tratara de un suicidio. Caen en tentaciones, lazos y codicias necias. Y, como los que naufragaron en el 1.19, éstos se hunden, 6.9. Al leer este pasaje es bueno recordarse del triste fin de uno que anhelaba las riquezas: Judas Iscariote. Él quiso suicidarse con la horca pero cayó de cabeza, se reventó y fue a su propio lugar.

Es interesante observar que en el 6.9 el deseo de ser rico conduce al pecado (“codicias necias y dañosas”) pero en el versículo 10 conduce al error (“se extraviaron de la fe”). Por lo menos una parte de este error se ve en el versículo 5 donde dice que ellos suponen que la piedad sea fuente de ganancia. Así el mismo pasaje que enseña en el versículo 3 que la buena doctrina produce la piedad, enseña también que el mal vivir produce la mala doctrina.

Se ve otro contraste interesante al comparar los versículos 7 y 19 del capítulo 6. En el primero de ellos se le recuerda al rico que él no puede llevar nada de este mundo cuando lo deja. En el otro se le informa que tiene el privilegio de atesorar para sí un buen fundamento para los tiempos venideros. Es decir, puede enviar algo adelante. Paradójicamente, se logra esto por no acumular todo en el banco sino por ser generoso, según el 6.18.

Creo, como sugerí en un capítulo anterior, que Pablo tenía en mente lo que él llama en el 6.3 “las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo”. El Señor había dicho en Lucas 6.47,48 que el hombre echaba un buen fundamento si “oye mis palabras y las hace”. Las “sanas palabras” dichas inmediatamente antes de esas del fundamento rezan, “Dad ... dad ...”, Lucas 6.30,38.

32 La falsa sabiduría

Debemos proseguir hasta la sexta y última senda de las que llevan a uno lejos de la verdad. Podemos llamarla la senda científica. Es una que goza de muy buena acogida hoy día y profesa grandes cosas. Pero el Espíritu Santo la tilda de “profanas pláticas” y dice que falsamente la llaman ciencia; 6.20,21. En contraste con ella, se exhorta a Timoteo que guarde la verdad que le fue encomendada.

Este mandamiento al fin de 1 Timoteo es casi igual a aquel de Judas 3: “Contendáis ardientemente por la fe una vez dada los santos”. Algunos que tienen el conocimiento pero no la fe quisieron echarla a tierra, pero Pablo, pensando en cosa semejante, dijo, “El fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos”, 2 Timoteo 2.19. Ciertos hombres y sus enseñanzas pueden trastornar la fe de algunos, pero no pueden trastornar a Dios, su Palabra ni su obra.

Puede que se piense que se ha dado una prominencia indebida a estas desviaciones de la fe, tanto de doctrina como de conducta. Sin embargo, la Epístola misma les da mucha prominencia, y las alertas puestas delante de nosotros nunca han sido más necesarias que en estos tiempos. Que cada uno de nosotros, si doblamos a la derecha para el mal vivir o a la izquierda para la mala doctrina, esté presto a oir la voz detrás que nos dice, “Este es el camino, andad por él”, Isaías 30.21.

Cuarto: Los creyentes y sus líderes

33 El glorioso evangelio

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