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Leyendo día a Día en Timoteo y Tito - page 38 / 76

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Es notable cómo se introduce el evangelio en la primera parte de 1 Timoteo. En el 1.6 el apóstol menciona el caso de los que no apuntaron al blanco apropiado y dice que ellos anhelan ser maestros de la ley. Esto le conduce a hablar sobre el uso correcto de la ley, y luego anotar algunos de los pecados contra los cuales ella se dirige. Se observará que él apunta en un orden que trae a la mente los diez mandamientos de Éxodo 20. (Véase Cuadro G). Pero en vez de concluir su lista con una referencia al décimo mandamiento, Pablo cambia y dice: “y para cuanto que se oponga a la sana doctrina”. Esto equivale decir que lo que la ley condena también lo condena el evangelio.

Esta mención del glorioso evangelio del Dios bendito, 1.11, le trae a la mente la responsabilidad que Pablo tenía en cuanto al evangelio. Él se reconoce indigno del gran honor que le fue encomendado. Había sido blasfemo contra el Señor, perseguidor de su pueblo e injuriador de su obra. Con todo esto, y por dos razones distintas, el Señor tuvo misericordia de él. Primero, porque Saulo actuaba en ignorancia, 1.13, y segundo porque Dios quería usarle como ejemplo a otros de su compasión y longanimidad, 1.16.

Cuadro G:  Los diez mandamientos en 1 Timoteo

No tendrás dioses ajenospara los transgresores y desobedientes

No te harás imagen. para los impíos y pecadores

No tomarás el nombre   de ... Dios en vano para los irreverentes y profanos

Acuérdate del día de reposo---

Honra a tu padre y a tu madrepara los parricidas y matricidas

No mataráspara los homicidas

No cometerás adulteriopara los fornicarios

No hurtaráspara los secuestradores

No hablarás ... falso testimoniopara los mentirosos y perjuros

No codiciaráspara los sodomitas ¿?

34 El papel de las mujeres

Después de referirse de nuevo a los desviados, 1.19,20, Pablo dirige su atención en el principio del capítulo 2 a cuál debería ser la actitud de los santos en general hacia el testimonio del evangelio. Dice que deben orar por todos los hombres, porque Dios desea que todos los hombres sean salvos y el Señor Jesús se dio en rescate por todos. Su conducta debe ser tal que recomienda al evangelio, 2.2, y dé peso a sus oraciones, 2.8. Sus mujeres también deben participar en esta recomendación práctica, 2.9,10, aunque no en su presentación pública, 2.11,12.

Algunos opinan que la mujer sí puede participar en la predicación pública, apoyándose en que el 2.12 habla de enseñar. Dicen que ella está excluida sólo de la enseñanza. Pero, favor de notar que Pablo se refiere a sí mismo como un maestro de los gentiles, y en Hechos la palabra enseñar se usa repetidas veces con referencia a la predicación del evangelio. Él expone dos razones para excluir a la mujer de la predicación pública: primeramente, que el varón fue primero en la creación, 2.13; segundo, que la mujer fue primera en la transgresión, 2.14. Obviamente es la segunda de éstas que se refiere al “pero” que abre el versículo 15, donde dice claramente que ella se salvará engendrando si permaneciere en la fe, amor y santificación, con modestia.

Muchas han sido las opiniones expresadas sobre el sentido de este versículo 2.15, y algunas de ellas muy absurdas. Las más sanas no tienen que excluir la una a la otra porque es posible que el apóstol haya tenido más de un pensamiento en mente al decir que la mujer se salvaría. El contexto sugiere que él está pensando en la sentencia pronunciada sobre la mujer en Génesis 3.16. Esta sentencia fue, primeramente, que ella tendría dolor en sus partos, y segundo, que estaría sujeta al varón. La segunda de las dos está de acuerdo con el principio

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