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Leyendo día a Día en Timoteo y Tito - page 4 / 76

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También, la mujer debe aprender “en silencio” en la iglesia, “con toda sujeción”, v. 11. No le incumbe dedicarse a la enseñanza, ni “ejercer dominio” sobre el hombre, sino estar en silencio, v. 12. Esto concuerda de un todo con lo que Pablo establece en 1 Corintios 14.24: “Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar”. Por ser las instrucciones tan claras, es difícil ver cómo un lector honesto puede dejar de comprender su significación, especialmente cuando 1 Timoteo 2 ofrece dos razones por estas prohibiciones que tienen que ver con la mujer:

(1) por el orden en la creación. El lugar de la mujer en la creación determina su lugar en la asamblea. “Adán fue formado primero, después Eva”.

(2) por el orden en la transgresión, la parte de la mujer en la caída. Eva fue engañada pero Adán desobedeció deliberadamente; por amor a su mujer procedió con los ojos abiertos.

Nuestro pasaje para hoy es, por lo tanto, un recordatorio provechoso de que el decreto divino acerca de las funciones relativas del varón y la mujer en la iglesia no puede ser descartado impunemente. Hay razón y relevancia para respetar hoy día estos principios dados por Dios, aunque algunos los irrespetan de frente. Que Él ejercite nuestros corazones – y nuestras conciencias, si es necesario – sobre estas cosas.

3.1 al 13 Control en la iglesia

El capítulo 3 introduce el tema de la casa de Dios. Nuestra conducta en la casa de Dios, la asamblea, debe responder a las prioridades espirituales y morales que corresponden a la santidad de la morada de Dios aquí en la tierra. Se trata de no sólo la conducta en la casa de Dios, sino, en el trozo que nos ocupa, del control en la casa.

La casa de Dios es la figura de la iglesia que enfatiza que es la esfera donde Dios gobierna. La casa es suya; Él espera ser obedecido y que se respete el orden que define para su propia casa. La pregunta es: ¿En la casa que es de Dios, estamos actuando cómo Él ordena?

En el nivel humano, se encomienda a los obispos (sobreveedores, o supervisores) y diáconos (servidores) la preservación del orden en esta casa de Dios. Las características y capacidades de los obispos figuran primeramente, vv 1 al 7, y después las de los servidores en vv 8 al 13. La función básica de los primeros es la de “cuidar la iglesia de Dios”, v. 5, a saber, sobrevén, dirigir y ocuparse del gobierno moral de la asamblea respectiva. Se emplean dos términos para describir a estos señores. Aquí figuran como obispos (epískopos, superintendentes), una descripción de su función. En otros lugares son ancianos (presbúteros), una descripción de su persona, sugiriendo madurez espiritual, experiencia y conocimiento. Las credenciales del sobreveedor se pueden resumir como: capacidad, madurez, moralidad, sobriedad, identidad y hospitalidad.

La obra de los diáconos es de otro orden. Su naturaleza es material en vez de espiritual, tratándose de los asuntos temporales de la congregación. Los requisitos son similares a los del anciano, pero la norma es un poco menos elevada. Por ejemplo, no se requiere que sean aptos para enseñar.

Es importante observar que las responsabilidades del uno y del otro versan sobre su propia asamblea local. Y, la aplicación práctica para todos nosotros en esto es, sin duda: “Obedeced a vuestros pastores”, Hebreos 13.17.

3.14 al 16 Conducta en la iglesia

Siguiendo el tema del control en la iglesia, la sección final del capítulo 3 se ocupa de la conducta en ella: “Esto te escribo ... para que sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios”, vv 14,15. La frase está construida en una forma que abraza a todos los creyentes y no se limita a Timoteo, ni a los sobreveedores y diáconos y sus esposas. Una consecuencia

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