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Leyendo día a Día en Timoteo y Tito - page 42 / 76

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40 Los pastores

Como ya señalamos, las palabras obispo y anciano se refieren a la misma persona. La primera sugiere la naturaleza de su obra y la segunda alude a las calificaciones que ella exige. Sin embargo, se usan también otras formas de expresión para referirse a estos mismos. En 1 Tesalonicenses 5.12 se habla de “los que trabajan entre vosotros y os presiden en el Señor, y os amonestan”. Esta descripción tripartita explica bien cuáles son las responsabilidades de estos hombres.

Y hay los pastores. En Hebreos 13.7,17,24 se habla de “vuestros pastores” y en Efesios 4.11 se dice que algunos hermanos son constituidos pastores. Este versículo no mira tanto a la persona o su oficio como al don que Dios le ha dado para cuidar al pueblo de Dios. Por esto la palabra no es coextensiva con los términos obispo y anciano.

Sin duda un obispo o anciano debe tener algún don para la obra pastoral; al no ser así él no sería idóneo para el lugar que ocupa. A la vez, uno puede poseer el don pero sin tener tanta responsabilidad en la asamblea. Hay aquellos, como Timoteo en Filipenses 2.20, que desde sus primeros días en Cristo han tenido una preocupación genuina por sus hermanos en la fe. Es un don que debe anhelarse, aunque poco visto aun en tiempos apostólicos, como se ve en la cita mencionada (“A ninguno tengo del mismo ánimo, que tan sinceramente se interese por vosotros”).

En 1 Timoteo 3.1 leemos del hombre que anhela el obispado. La palabra en griego que aquí se expresa en nuestra Biblia como anhelar figura en solamente dos versículos más. En el 6.10 se hablan de personas que codician el dinero, y en Hebreos 11.16 de algunos que anhelaban una ciudad celestial. Es evidente por estos ejemplos que la palabra puede ser empleada tanto en sentido bueno como malo, pero en cada caso es un deseo que se pone por obra.

En el 3.1 el apóstol no critica el deseo pero dibuja, para la consideración de todos, lo que el anhelo significa. Con señalar las normas que Dios exige se suele causar que los que no las cumplen dejan de adelantarse, y sin duda los versículos que siguen establecen la clase de obispo y diácono que Dios requiere.

Mucho se podría decir de las varias cualidades anotadas, pero aquí destacaremos un solo punto. La mayoría de éstas no se refieren a dones específicos sino a lo que se podría llamar las características generales de una vida espiritual. Bien podrían ser tomadas a pecho por creyentes en general, porque no sólo los ancianos deberían ser sin culpa. Es más bien que el que piensa “sobrever” debe sobresalir en estas características. Si va a guiar bien el pueblo de Dios, tiene que enderezar su propia senda. Si no, no puede esperar ni el respeto ni la obediencia de los demás.

41 El líder que peca

No perdamos de vista que en 1 Timoteo hay otro párrafo entero dedicado específicamente a los ancianos u obispos. Es la sección desde el 5.17 hasta el final del capítulo. Que es así no todos han entendido, y el resultado ha sido una dificultad innecesaria en dar el sentido a ciertos versículos.

“A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos para que los demás también teman”, 5.20. El versículo anterior a éste hace muy claro que esto se refiere primeramente a los ancianos que pecan. Hay una ilustración en la actitud de Pablo frente a Pedro en Gálatas 2.11 al 14.

“No impongas con ligereza las manos a ninguno”, 5.22, se refiere a reconocer ancianos o ponerlos en un lugar prominente de servicio. La idea no es, como algunos han pensado, la de ser cauteloso en buscar ofensores para llevarlos al castigo; tal idea necesitaría una palabra completamente diferente en el griego.

Los versículos que siguen, 5.24,25, sirven bien para expresar una verdad general, pero realmente son una explicación de por qué Timoteo no debe poner sus manos ligeramente

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