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Leyendo día a Día en Timoteo y Tito - page 48 / 76

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ser que al hacerlas seamos alabados cual Dorcas, o criticados cual María, pero sabremos que el Señor las aprueba.

Tito 3.14 dice: “Aprendan también los nuestros a ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto”. Algunas traducciones presentan el pensamiento como, “ocuparse en trabajos legítimos”. [Nota del traductor: En el castellano, la Versión Latinoamericana, por ejemplo, da en su margen: “ejercer profesiones honestas”.] No voy a decir que este sentido debería figurar en el texto, pero por lo menos sería una “buena obra”, si se la ejerce como para el Señor y con sus intereses en vista.

Pablo recordó a los ancianos efesios que con sus propias manos había ministrado no solamente a sus propias necesidades sino a las de sus consiervos también. Agregó: “Se debe ayudar a los necesitados”, Hechos 20.35. Y en Efesios 4.28 dice del ladrón convertido: “No hurte más sino trabaje, haciendo compartir con el que padece necesidad”.

Llegamos así a Tito 3.13,14, donde los dos versículos están muy ligados entre sí. Se puede entenderlos de esta manera: “Tito, ayude aquellos siervos del Señor, Zenas y Apolos, en su viaje, proveyendo para sus necesidades, de modo que nada les falte. No sólo usted debe comportarse así, Tito, sino también [griego: de kai] los demás de nuestros santos deberían aprender a ser prestos en buenas obras con miras a suplir [griego: eis tas] las necesidades normales que surgen de tiempo en tiempo en el servicio del Señor, para que de esta manera estos santos no queden sin fruto”.

Este pasaje y otros dejan en claro que el apóstol juzgaba que la labor común de la vida es cosa honrosa no sólo para los creyentes en general, sino, cuando factible, para los que se dedican al ministerio espiritual. Además, vio que esta labor podría contar como “buenas obras” en suplir lo que faltaba al pobre, al débil y en el servicio del Señor. Esto fue el punto de vista que él quiso enseñar a los santos, deseando que Tito les hiciera ver la misma cosa.

Sexto: El varón de Dios en los días postreros

50 El mensaje de 2 Timoteo

Vamos a pasar ahora hasta 2 Timoteo. Se escribió esta Epístola después de 1 Timoteo y Tito, y para por lo menos algunos de nosotros es la más interesante de las cartas pastorales.

Varias veces en las Escrituras encontramos palabras que pueden ser tomadas como las últimas de los santos que las pronunciaron, ya que ellos sabían que su carrera estaba por terminarse. Todos los pasajes de esta índole merecen atención especial.

En el caso de David, dice en 2 Samuel 23, “Estas son las últimas palabras de David”, y luego leemos algunos de los trozos más bellos que el salmista jamás expresó. Él toca la naturaleza de la inspiración, 23.2; el Rey-Mesías por venir, 23.3,4; las experiencias y anhelos de David mismo, 23.5; y la condición del impío, 23.6,7. Pensamos también en las palabras de Jacob en Génesis 49 cuando sus hijos rodearon su lecho de muerte. Hay las de José en Génesis 50.24 al 26, donde él toca la nota de confianza en el cumplimiento de la promesa de Dios. Viene a la mente el discurso de Moisés en Deuteronomio 33, especialmente los versículos 26 al 29 (“No hay como el Dios de Jesurún …”).

La Segunda Epístola de Pedro constituye el último mensaje de ese hombre, y es parecida a esta carta de Pablo que veremos ahora. Por cierto, hay una similitud en todas estas “palabras finales”. Todas hacen hincapié en la Palabra de Dios, en los tiempos malos por delante, en la venida del rey señalado por Dios y en la experiencia personal de quien habla.

51 Moisés y Josué

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