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Leyendo día a Día en Timoteo y Tito - page 50 / 76

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ambos casos con referencia a Timoteo. Sin embargo, se encuentra varias veces en el Antiguo Testamento y con referencia a una docena de personas cuando menos.

El contexto de cada mención del varón de Dios en el Nuevo Testamento nos puede sugerir algo de cómo se puede reconocer la tal persona. Sería un tanto interesante como provechoso poner al lado de las dos citas en el Nuevo Testamento las personas en el Antiguo a quienes se dan el título, para ver hasta qué punto ellos dieron la talla.

En 1 Timoteo 6.11,12 el varón de Dios huye, sigue y pelea:

Él huye del amor al dinero y los males que éste implica.

Él sigue la justicia, la santidad, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre.

Él pelea la buena batalla de la fe.

En 2 Timoteo 3.16,17 él es uno que, al aprender la Palabra de Dios, se prepara para toda buena obra. Se conduce dentro del doble encargo dado, como ya observamos, a Josué y Timoteo cuando estaban por perder sus respectivos mentores. Este encargo consistía en ser valiente y estudiar las Escrituras a la vez.

El caso es que aquellos del Antiguo Testamento que fueron honrados con el título varón de Dios se vieron precisados de mucha valentía y también de amplios conocimientos de las Escrituras. Ellos se encontraron a menudo en situaciones difíciles o peligrosas cuando tenían que declararse por Dios sin que otros les acompañasen o aconsejasen. Moisés, llamado seis veces “Moisés varón de Dios”, fue el primero así titulado. La mayoría de los demás así llamados eran profetas y algunos de ellos no se identifican por nombre. Véanse por ejemplo 1 Samuel 2.27, 1 Reyes 20.28 y 2 Crónicas 25.7,9.

Elías y Eliseo son llamados varones de Dios, como uno bien podría esperar al considerar las circunstancias de ellos dos. Y, extraño que nos parezca, se usa el título diecisiete veces con referencia al profeta de Judá que profetizó en contra del altar de Jeroboam y luego dejó de guardar el mandamiento que Dios le había dado. El último varón de Dios en el primer Testamento es un tal Hanán hijo de Igdalías, Jeremías 35.4. De él se dice muy poco más, pero el solo hecho de llevar el título como nuestro es cosa de anhelar.

54 Dificultades para el varón de Dios

Volvamos a considerar qué dice el apóstol a Timoteo sobre los peligros y dificultades que puede esperar como varón de Dios. Son:

la debilidad de su propia carne, 1.6 al 8

la infidelidad entre el pueblo de Dios, 1.15

la introducción de enseñanzas falsas, 2.17,18

las impiedades de los días postreros, 3.1 al 9

las persecuciones, 3.11,12

los fracasos de consiervos, 4.10,16

la pérdida de su mentor, 4.6,7

Semejante lista bien ha podido bastar para desanimar a Timoteo o cualquier otro en circunstancias parecidas. El apóstol no procura minimizar las dificultades sino desea que su amigo joven haga frente varonilmente y de la manera más apropiada.

Comenzando en la periferia, encontramos lo que el capítulo 3 llama los tiempos peligrosos. Estos se ven mejor en nuestros días que en los tiempos antiguos, pero los versículos 5 y 6 muestran que Timoteo los conoció también. Había en ellos un peligro doble: la dificultad de testificar por Cristo entre tales personas podría quitar el ánimo del varón de Dios, o por otro lado él podría llegar a ser como ésas. Y, si lograba ceñirse fielmente a su encargo, a lo mejor tendría que enfrentar las persecuciones que Pablo señala en los versículos 11 y 12.

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