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Leyendo día a Día en Timoteo y Tito - page 51 / 76

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Sin embargo, es probable que los tropiezos más graves serían encontrados entre el mismo pueblo del Señor. Maestros como Himeneo y Fileto estaban propagando doctrinas falsas y muchos permitían que su fe fuese estorbada. Hombres del Asia, probablemente convertidos bajo la predicación de Pablo mismo, le habían dado la espalda resueltamente en alguna ocasión crítica. (El tiempo gramatical empleado en el griego para el verbo abandonaron en el 1.15 da a entender un hecho específico en un momento dado). Por amor al mundo, o por temer posibles peligros, ciertos predicadores que habían sido prominentes en la obra del Señor estaban abandonando sus deberes.

Peor aun, Pablo estaba por ser quitado después de haber sido guía y ayudante para Timoteo durante varios años. Nada nos sorprende, pues, que Timoteo haya mostrado señas de debilidad frente a las circunstancias en su alrededor. La exhortación en el 1.6 a “avivar” su don nos da a entender que éste fue el caso.

55 Estímulos para el varón de Dios

A estos tropiezos que le rodearon a Timoteo, debemos poner en contraste las ayudas que le alentaron, según las conocemos por 2 Timoteo.

En el capítulo 1 Pablo le hace recordar su conversión. Le hace pensar en los propósitos de Dios y su gracia que motivaron esa salvación, 1.9; la obra de Cristo que la hizo posible, 1.10; y la certidumbre de su resultado final, 1.12. En el capítulo 2 le exhorta recordar que en esos mismos momentos él gozaba de un Cristo resucitado y vivo en quien podría confiar, 2.8.

En el capítulo 3 el autor habla en cierto detalle del valor de la Palabra de Dios como guía y mentor en el servicio del Señor, 3.14 al 17. Y, en el 4 le recuerda del porvenir, la manifestación del Señor Jesucristo y sus galardones para aquellos que merecen los tales, 4.1,8,18.

Además, en toda la Epístola le pone por delante el ejemplo de otros que habían sido fieles:

su mamá y abuela, 1.5

Onesíforo, 1.16 al 18

Pablo mismo, desde que Timoteo le había conocido, 3.10,11, 4.6,7

Los que desean atar la bandera de Dios al asta en estos tiempos también pueden tomar aliento de estos estímulos. Aunque ellos se vean rodeados por hombres del tipo que encontramos en 3.2 al 5, sus corazones se alegrarán al pensar que Dios les salvó cuando eran “lo mismo que los demás”, y les dio a ellos también el llamamiento santo del 1.9. Al considerar la seguridad con que el Señor guarda su depósito “para aquel día”, como dice el 1.12, ellos serán más firmes en su propósito de guardar fielmente lo que han recibido.

Les abandonarán algunos que parecían merecer plena confianza, 1.15, 4.10 al 16. Morirán otros que eran baluartes durante años, 4.6. Por todo esto los fieles confiarán en su Señor, 2.8, quien ha prometido que no nos dejará. Dirán con Pablo en 4.17, “El Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas ... fui librado de la boca del león”.

Confrontados por enseñanzas dañinas, 2.17,18, estos hombres fieles estarán “enteramente preparados” por la Palabra de Dios, la cual los mantendrá a ellos mismos y los permitirá corregir con mansedumbre a los que se opongan a la misma, 2.25. No obstante su debilidad propia según 1.6 al 8, serán fortalecidos por la anticipación del regreso del Señor, sabiendo que premiará a cada uno según sea su obra.

Es evidente que el mismo apóstol recibió mucho estímulo de estas fuentes. Notemos cuatro afirmaciones que hace confiadamente en su carta:

su salvación: Sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día, 1.12

la obra de Dios: El fundamento de Dios está firme, 2.19

la Palabra de Dios: Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil, 3.16

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