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Leyendo día a Día en Timoteo y Tito - page 52 / 76

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el futuro: El Señor me librará de toda obra mala y me preservará para su reino celestial, 4.18

Estas no son las lamentaciones de un viejo amargado o decepcionado. El que escribe tales líneas no siente que la obra de su vida se está reduciendo a nada. Vemos más bien la confianza de uno que aprendió bien la lección enseñada por su antiguo maestro Gamaliel: “Si este consejo o esta obra ... es de Dios, no la podréis destruir”, Hechos 5.38,39. Que nosotros, en medio de las dificultades y problemas de nuestros días, no dejemos de tener esta clase de confianza.

56 El hijo y el siervo

Hemos venido comentando que 2 Timoteo habla de las dificultades que rodean al varón de Dios y también hace saber en cada capítulo las ayudas y estímulos a su disposición. Ahora vamos a considerar varias ilustraciones del mismo varón de Dios y sus deberes. Estas se encuentran en el capítulo 2 de la Epístola, donde se emplean por todo siete figuras, pero la primera y última son más bien títulos en vez de apenas ilustraciones. Nos referimos a hijo mío en 2.1 y siervo del Señor en 2.24.

Es de notar que figuran en su debido orden, ya que somos hijos antes de siervos, y el único servicio que el Señor acepta de nosotros es el de hijos. No es el servicio de esclavos, aunque hemos sido comprados y por lo tanto somos propiedad suya; 1 Corintios 6.20. El que intenta servir sin ser hijo encontrará molestoso el servicio y no podrá agradar al Señor; “los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”, Romanos 8.8. Al otro extremo, si uno procura ser hijo sin servir, el tal tendrá que aprender una lección tan dura como fue el caso del hijo pródigo en Lucas 15.18,19.

Entre la mención del hijo y la del siervo encontramos cinco más que representan este hijo-siervo. En 2.3,4 es soldado, en 2.5 es atleta, en 2.6 es labrador, en el 15 un obrero y en 21 un vaso. Se introducen algunas de estas figuras nuevamente en 4.6 al 9, donde el apóstol presenta su servicio propio en cinco figuras:

un sacrificio: Estoy para ser sacrificado

un viajero: Mi partida está cercano

un luchador: He peleado la buena batalla

un atleta: He acabado la carrera

un mayordomo: He guardado la fe

De todos modos, las figuras del capítulo 2 que él no toma para sí en el 4 se usan con referencia a Pablo en otras escrituras. Él nunca exigió a otros lo que no se había cumplido en sí mismo.

57 Las metas del creyente

De las cinco ilustraciones, las primeras tres están ligadas entre sí como para formar un solo cuadro, mientras el cuarto y el quinto quedan aparte. Viéndolas así, podemos notar que se atribuye al siervo del Señor una meta parecida en los tres pasajes, aunque el lenguaje es diferente en cada caso.

En 2.4 su meta es agradar a aquel que le tomó por soldado.

En 2.15 es “presentarse a Dios aprobado”.

En 2.21, que sea “santificado, útil al Señor y dispuesto para toda buena obra”.

Todos éstos quieren decir casi la misma cosa y pueden ser comparados con la meta que Pablo había puesto para sí mismo: “Procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables”, 2 Corintios 5.9. También pueden ser puestos como contraste a lo que él pensaba de aquellos hombres de 1 Timoteo 1.6 que no apuntaron al blanco apropiado; de los tales hay varios en

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