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Leyendo día a Día en Timoteo y Tito - page 56 / 76

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deseaban prominencia; apuntando este blanco tan errado, se desviaron de la senda y llevaron otros tras sí. Esto destaca la necesidad de la advertencia que Pablo había dado antes: “De vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”. Debemos saber que siempre es más fácil ganar prominencia y notoriedad al dirigirse por una senda errada que al quedarse en la correcta.

Notemos también la conexión entre el 2.19 y el capítulo 16 de Números, donde se relata el caso de Coré, Datán y Abiram. 2 Timoteo 2.19 dice que el fundamento de Dios tiene un sello de dos impresiones: (i) Conoce el Señor a los que son suyos; y (ii) Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.

La primera impresión grabada en el sello es una cita de Números 16.5 en el griego (“Mostrará Jehová quién es suyo”). Es probable que la otra grabación sea de Números 16.26: “Apartaos ahora de las tiendas de estos hombres impíos”. Se puede ver el paralelo entre los rebeldes de Números 16 e Himeneo y Fileto. Estos del Antiguo Testamento se unieron para lograr sus fines malvados y llevar muchos tras sí, pero, como los dos del Nuevo Testamento, se encontraron incapaces para derribar el fundamento de Dios. Se puede decir que estaban celosos de esos dos “vasos de oro”, Moisés y Aarón (véanse Números 16), e insatisfechos con su posición propia. Probablemente éste fue el caso con Himeneo y Fileto también.

63 Profecías sobre los días postreros

Hemos visto que 2 Timoteo 2 presenta un retrato del varón de Dios, mostrándonos cómo es su carácter y cuáles sus actividades. Ahora en el 3.1 comenzamos a leer de los tiempos y el ambiente en los cuales él tiene que adoptar su defensa por Dios. Es del todo apropiado que la advertencia de este tercer capítulo sea grabada en nuestras mentes, porque nunca se han manifestado las características de los postreros días como ahora.

El capítulo nos da una profecía acerca de tiempos que quedaban todavía en el futuro cuando Pablo escribió. El mensaje es más claro que en muchas profecías, y trata más distintamente del futuro que Pablo mismo pensaba. Por regla general, en sus epístolas no habla como profeta sino como maestro. Sin embargo, en una y otra parte sí da unas profecías sobresalientes. Por ejemplo:

1 Timoteo 4 describe qué sucederá en días después de los apostólicos.

2 Timoteo 3 habla de los postreros días, o sea, el período inmediatamente antes de la venida de Cristo.

1 Tesalonicenses 4 y 5 explican cómo será el traslado de los creyentes cuando Cristo venga.

1 Corintios 15 enseña cómo serán resucitados los muertos.

2 Tesalonicenses 1 y 2 dicen que el hombre de pecado se presentará y será destruido por Cristo.

Romanos 11 profetiza la restauración de la nación de Israel.

Así, aun al limitarse uno a los escritos paulinos, uno puede obtener un buen entendimiento de los acontecimientos proféticos.

Sin embargo, aunque sea claro para nosotros que la descripción que Pablo da de los postreros días es mucho más aplicable a nuestra época que cualquier otra, es evidente que él pensaba que esos días estaban a punto de comenzar en aquel entonces. Obsérvese qué dice en 3.5,6. Pablo exige a Timoteo rechazar a personas como las descritas, señalando el daño que ya habían hecho encubiertamente. Como los demás apóstoles, él consideraba que la venida del Señor estaba por acontecer y por lo tanto juzgaba lo mismo en cuanto a los postreros días.

Hay quienes piensan que esta esperanza en el regreso inmediato del Señor Jesucristo constituyó un disparate por parte de los autores del Nuevo Testamento, y que semejante error resta de la plena inspiración de los pasajes que ellos escribieron. En verdad no era equivocación alguna. Fue propio del plan de Dios que su pueblo estuviera en permanente

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