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Leyendo día a Día en Timoteo y Tito - page 70 / 76

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en cuanto a varias mujeres, puede guardar duda acerca de su respeto para el servicio valioso de aquellas que él nombra. Pero mucho más importante de lo que otros dicen acerca de los escritos de Pablo, es que el escribía con autoridad apostólica y la evidente aprobación del Espíritu de Dios sobre sus enseñanzas.

La enseñanza de Pablo es que en la unidad del cuerpo —la Iglesia “universal”— no hay varón ni mujer, Gálatas 3.28, pero no así en el ministerio público de la Palabra de Dios en la iglesia local. De esto hablan principalmente 1 Corintios 11.2,3, 14.35,35 y 1 Timoteo 2.12. Los últimos dos pasajes exigen silencio de parte de la mujer en la iglesia.

Algunos procuran suavizar esta ordenanza al traducirla como “quedarse quietas”. Pablo, sin embargo, aclara su sentido en 1 Corintios 14.34 al añadir, “no les es permitido hablar”, y en el versículo siguiente, “... es indecoroso que una mujer hable en la congregación”. El prosigue en el 14.37: “Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor”.

En Corinto, la enseñanza de Pablo sobre la emancipación del principio de la Ley dio lugar a un exagerado énfasis en la libertad. Aparentemente uno de los abusos en Corinto fue la costumbre de mujeres a intervenir públicamente, y esto con la cabeza descubierta. Pablo corrige el problema de la cabeza en el capítulo 11 y el de la parte pública en el 14. Dice categóricamente que la mujer debe guardar silencio en la iglesia.

La instrucciones en 1 Timoteo 2 tocante la posición de la mujer en la asamblea enfatizan lo que él había enseñando seis años antes al escribir a los corintios. Este pasaje —1 Corintios 11— tiene su trasfondo en el orden establecido en la creación. Pero la enseñanza en 1 Timoteo se basa en lo que sucedió en la caída. Al ser tentada, Eva no consultó a su cabeza, Adán, sino actuó en independencia. Todos sabemos las consecuencias desastrosas para ella y toda su posteridad. Es bien sabido que varios de los cultos perniciosos fueron fundados, o grandemente influenciados, por mujeres.

Hay cuatro pensamientos clave en 1 Timoteo 2.9 al 15: la sobriedad, sujeción, silencio y salvación.

En Corinto el problema había sido la negativa de cubrir la cabeza, pero aquí es el otro extremo. Había falta de sobriedad expresada en un exceso de adorno. La gloria natural, el cabello, estaba enlazada con oro y piedras preciosas. Otro, al abordar el mismo tema, escribe: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”, 1 Pedro 3.4.

Dos veces, 2.9,15, Pablo habla de la sobriedad [traducida en la Reina-Valera como modestia] y dos veces del silencio, 2.11,12. Sus palabras parecen más enfáticas en Timoteo que en Corintios.

El último versículo en el capítulo 2 ha dado lugar a no poca controversia. Dice que la mujer se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia. Hay dos interpretaciones principales: (i) Se refiere al Redentor, la simiente de la mujer. O sea, la mujer se salvaría al dar a luz a Jesús. (ii) Y, se refiere a una salvación diaria de la tentación al ocuparse en su esfera que es el hogar y la familia. En el Génesis hubo una doble sentencia sobre la mujer como consecuencia de la caída. Primeramente, sus preñeces serían acompañadas de dolor; segundo, estaría sujeta a su esposo. Es muy probable que el versículo en Timoteo se refiera a una salvación diaria relacionada con los deberes del hogar.

Para resumir: El apóstol enseña que las mujeres no deberían participar audiblemente en la adoración pública. Esta incluye la predicación, la oración cuando hay hombres y mujeres presentes, y el acto de enseñar a varones en público. Esto no quiere decir que no puede enseñar a sus hijos. Timoteo mismo fue instruido en las Escrituras por su madre y su abuela. Es más: Tito 2.3,4 exhorta que las mujeres maduras entrenen a las de menor edad a ser sobrias, amar a sus esposos y amar a sus hijos. Ella nunca debe usurpar la autoridad que Dios le dio al varón a ejercer el ministerio público en la iglesia; así es el patrón establecido en las

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