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Leyendo día a Día en Timoteo y Tito - page 74 / 76

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Y, en estas Epístolas Pastorales encontramos instrucciones complementarias sobre este tema de tanta importancia. Son cuatro por los menos: el uso y abuso de los recursos, 1 Timoteo 6.6 al 19; el socorro para los desamparados, 1 Timoteo 5.3 al 16;  los aportes a aquellos que laboran en el evangelio y la enseñanza, 1 Timoteo 5.17,18; el siervo de Dios de viaje, Tito 3.13.

“Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. ... A los ricos de este siglo manda que no sean altivos; ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos, atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna”, 1 Timoteo 6.6 al 19.

Muchos años atrás, en una conversación en casa del doctor Cronin, William Kelly observó que al comienzo este capítulo se dirige a los que no tienen bienes; al final, a los que sí tienen; y en el medio, al varón de Dios en relación con ambos.

A los que no son ricos se les advierte que la ganancia no es piedad, sino que la piedad con contentamiento es ganancia. A los acomodados se les exhorta a que sean generosos, sabiendo que de esta manera atesoran para sí buena base para el futuro. En el 5.11 la exhortación a Timoteo es en cuanto a aquellos que aspiran ser ricos. Se le dice que debe huir de estas cosas y buscar más bien la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre.  

En el Antiguo Testamento Dios se perfila como Defensor de viudas, Salmo 68.5, y la Ley pronunció una maldición sobre aquellos que las afligían, Deuteronomio 27.19. Lucas menciona en su Evangelio a varias de ellas, y siempre con simpatía. Santiago 1.27 establece que “la religión que Dios nuestro Padre acepta como pura y sin mancha consiste en lo siguiente: en socorrer a los huérfanos y a las viudas en su aflicción y en conservarse inmune de la contaminación de este mundo”. [Nueva Versión Internacional.]

Los judíos guardaban un fondo preestablecido en el templo para subsidiar a las viudas y huérfanos. Al convertirse del judaísmo a ser cristianas, una viuda perdía esta ayuda, como era de esperarse, y la Iglesia primitiva se hacía responsable por su sostén. Hechos 6 describe el procedimiento además de la queja que se formó sobre su administración. El relato acerca de Dorcas en Hechos 9 hace ver que las viudas como una clase en la sociedad se destacaban en las comunidades cristianas.

Pablo define el tipo de viuda digno de esta consideración: “Honra a las viudas que en verdad lo son. Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios. Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola ...”, 1 Timoteo 5.3 al 16. Tenía que ser mujer no menor de sesenta años; haber sido esposa de un solo hombre (queriendo decir probablemente que se había casado una sola vez); y haber mostrado caridad y utilidad en años anteriores. La idea sobresaliente parece ser que se trata de mujeres realmente necesitadas y merecedoras de ayuda, sin contar con familiares cercanos que pueden asumir la responsabilidad.

Podemos estar agradecidos que en  estos tiempos en muchas partes del mundo hay un legítimo ejercicio en cuanto al cuidado de los mayores entre el pueblo del Señor. Se evidencia en la cantidad de hogares para ancianos donde hombres y mujeres se han dedicado a esta obra tan necesaria. Ellos merecen el apoyo financiero y las oraciones de particulares y de asambleas.

“Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar”, 1 Timoteo 5.17. Es cierto que la palabra “ancianos”

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