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La música propia del mundo occidental posrenacentista se fundó en la necesidad de separar a quien organiza los materiales sonoros de aquél que los realiza por medio de una re-presentación escénica, y de oponer a éstos como especialistas frente a un público que no participa del acto musical. Esta distinción se ha dado en el marco de no pocas luchas entre compositores y ejecutantes, conflictos sociales que han generado diferentes conceptualizaciones del acto musical. La necesidad de dotar a los intérpretes de un corpus de saberes altamente especializados generó, en el ámbito de la música culta occidental, una idea de interpretación vinculada a la actualización de una obra musical fijada en un soporte sígnico, habitualmente una partitura. Más allá de las capacidades hermenéuticas que permiten al ejecutante “interpretar”, las discusiones y teorías sobre la materia se han vinculado generalmente más al objeto que al sujeto, orientándose en pos de aquello que se supone es la esencia de la obra.

Aún cuando la misma música culta a lo largo del siglo XX discutió y trastocó estos roles; si bien la cultura contemporánea asistió a un enorme desarrollo de la música popular, que proviene de una tradición en la cual estas actividades se confunden y superponen; y mientras las ciencias sociales han ampliado, definido y utilizado este término en las situaciones más diversas, existe un uso residual en los ámbitos musicales que todavía mantiene concepciones propias al mundo de los siglos XVIII y XIX.

Este diseño curricular propone recoger los aportes mencionados, jerarquizando el término y reconociendo que todo acto musical (y artístico) supone una interpretación del entorno, de los materiales disponibles, de las organizaciones simbólicas posibles de ese material, de las condiciones de producción que se requieren para llevar lo imaginado a la práctica, y de los grados de adecuación de esa “imagen” con su realización in acto. Y que de igual forma, la recepción de los discursos sonoros implica asignarle sentido a los mismos, desde un rol activo inserto en una sociedad y una cultura.

CAMPO DE CONOCIMIENTO DEL PROFESOR DE MÚSICA

Dentro de los múltiples roles que los sujetos encarnan al relacionarse con la música se despliega un saber práxico, en donde la teoría no antecede a la acción, ni tampoco la acción se da sin un marco conceptual de referencia. En el marco de las encuestas realizadas, los docentes y alumnos de música han señalado una marcada falta de profundidad en la formación específica musical en el ámbito del profesorado para los niveles obligatorios del sistema educativo. Creemos que revalorizando las capacidades interpretativas, vinculando los saberes propios del lenguaje musical con su producción, la reflexión a partir del contexto y la capacidad para transformar estos conocimientos en contenidos posibles de ser enseñados a todos los alumnos de la escuela, estaremos propiciando una posibilidad de transformación en este aspecto.

Una finalidad principal de la enseñanza de la música en los niveles obligatorios es la de formar sujetos críticos, capaces de reconocer, denominar y relacionar los elementos presentes en el material propuesto, mediante la utilización de terminología específica. Sujetos atentos al discurrir de la música, pero también al entorno sonoro y las posibilidades interpretativas que ambos proponen en

PROFESORADO DE MÚSICA (ORIENTACIÓN EN EDUCACIÓN MUSICAL)

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