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Fundamentalmente han sido dos las grandes tradiciones que se han convertido en referentes de la formación docente superior de música: los profesorados abocados principalmente a la formación en los diferentes roles de la producción musical (compositores, instrumentistas, cantantes, directores); y los profesorados en educación musical, vinculados a la formación en la enseñanza de la música para los contextos educativos obligatorios.

El primer caso, hunde sus raíces en una formación que privilegia los aspectos técnico- instrumentales del lenguaje musical, basándose en un conjunto de premisas y supuestos que emanan de la tradición clásica europea occidental. Una fuerte formación específica ha sido siempre su característica, restringiéndose la discusión pedagógica didáctica a lo indispensable para continuar formando especialistas, siendo los profesorados un complemento de la formación troncal.

En el segundo caso, por el contrario, la impronta más fuerte ha devenido de las diferentes discusiones de la pedagogía general puestas en relación con concepciones de la música que no siempre han sido consistentes con las propias de la formación de músicos profesionales. Particularmente la música popular o folklórica ha recibido un gran acogimiento en esta vertiente, en la medida en que se la reconociera como elemento simbólico en la construcción de ciudadanía. Pero también, tal vez por estas raíces diferenciadas, la educación musical generó no pocas veces un cuerpo propio de conocimientos, conceptos e incluso repertorios, desvinculados de la práctica musical profesional. Muchas veces los aspectos musicales se vieron transformados en insumos para una práctica docente que perseguía fines más amplios y generales.

Al plantear este diseño curricular la adecuación del profesorado en música para los niveles obligatorios, y tomando en consideración los aportes recibidos de la consulta a docentes, egresados, equipos de gestión y alumnos de las instituciones de formación de la Provincia de Buenos Aires, se define un perfil docente que pretende articular una rigurosa formación musical con un corpus pedagógico específicamente musical, dotando a los futuros docentes de música de herramientas técnicas, analíticas, instrumentales y didácticas –en definitiva, interpretativas- que les posibiliten desempeñarse en las múltiples situaciones que proponen los diferentes niveles del sistema educativo.

Un profesor de música en la escuela tiene que poseer una actitud participativa dentro del sistema educativo, estar abierto a la investigación, con un sentido de responsabilidad en el ejercicio de la docencia, capacitado para planificar los saberes a enseñar y para gestionar su aprendizaje por parte de los alumnos, reflexionando tanto en la acción como acerca de la acción. Pero también necesita poder analizar, improvisar, componer, arreglar, cantar y ejecutar fluidamente diferentes músicas, a partir de un sólido dominio técnico y un conocimiento profundo del lenguaje musical que le permita además articular producciones conjuntas con otros lenguajes artísticos.

LOS CAMPOS DE LA FORMACIÓN EN EL DISEÑO CURRICULAR

En todos los Profesorados de Educación Artística los nuevos diseños plantean tres campos de formación: el de la formación general, el de la formación específica y el de la formación en la práctica profesional. El peso relativo que el presente diseño curricular otorga a cada uno de los tres campos de conocimiento reivindica los saberes específicos y, en concordancia con los Lineamientos

PROFESORADO DE MÚSICA (ORIENTACIÓN EN EDUCACIÓN MUSICAL)

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