X hits on this document

PDF document

Erasmo de Rotterdam Elogio de la locura - page 14 / 34

97 views

0 shares

0 downloads

0 comments

14 / 34

Erasmo de Rotterdam Elogio de la locura

el punto de que con sólo una, la gramática, basta para dar suplicio perpetuo a una vida.

[33]

Sin embargo, entre estas mismas ciencias son especialmente apreciadas aquellas

que se aproximaban más al sentido común, es decir, a la Estulticia. Los teólogos se mueren de hambre, se desalientan los físicos, los astrólogos son objeto de risa y los dialécticos, de menosprecio. El médico es el único que «vale tanto como muchos hombres », y en esta misma profesión el más indocto, temerario e irreflexivo prospera más, incluso entre los magnates. Así, la medicina, sobre todo ahora que la ejercen

tantos, no es sino cuestión de adulación, igual, por cierto, que la retórica.

Después de éstos ocupan el siguiente lugar los leguleyos y no sé decir si hasta ocupan el primero, de cuya profesión los filósofos —y no quiero dar opinión sobre ella— suelen reírse unánimemente llamándola asnal. Sin embargo, el arbitrio de estos asnos regula todos los negocios grandes y pequeños. Éstos aumentan sus latifundios, mientras los teólogos, después de haber extraído de sus escritorios la divinidad entera, han de comer altramuces y librar constante guerra contra las chinches y los piojos.

De esta suerte, así como son más dichosas las ciencias que tienen mayor afinidad con la estulticia, también es con mucho más feliz la gente que ha podido abstenerse del trato con ciencia alguna y no ha seguido a otro guía que a la naturaleza, que no posee deficiencia alguna sino cuando los mortales, por acaso, queremos franquear sus límites. La naturaleza odia lo artificioso y hace crecer mucho más felizmente lo que no ha sido violado por ninguna ciencia.

[34]

¿Acaso no veis que en cualquier género de los demás animales viven más felices

aquellos que están más apartados de las ciencias y no les guía otro magisterio que el de la naturaleza? ¿Cuál más feliz y más admirable que las abejas? Y aun éstas no poseen todos los sentidos corporales. ¿Se encontrará nada semejante a la arquitectura con que

construyen los edificios? ¿Qué filósofo ha fundado nunca parecido Estado?

En cambio, elcaballo, por ser afín al talento humano y haberse trasladado a convivir con el hombre, participa de las calamidades de éste, y así no es raro verle reventar en las carreras porque le avergüenza ser vencido, y en las batallas, mientras está anhelando el triunfo, le hieren y muerde el polvo junto con el jinete. Y no hablo de las serretas, ni de los acicates, de la prisión de la cuadra, de los látigos, los palos, de las bridas, del jinete y, en fin, de todo el aparato de la servidumbre a la que se sometió espontáneamente cuando, queriendo imitar a los héroes, anheló ardientemente vengarse de los enemigos.

¡Cuánto más deseable es la vida de las moscas y de los pájaros que viven libres de cuidado y a tenor sólo del instinto natural, con tal que se lo toleren las asechanzas del hombre! Si cuando se encierra a los pájaros en una jaula se les enseña a imitar la voz humana, es admirable cuánto pierden de aquella gracia natural suya. Lo que creó la naturaleza es en todos sus aspectos siempre más agradable que lo mixtificado por el

27

Erasmo de Rotterdam Elogio de la locura

arte.

De este modo, nunca alabaría bastante a aquel gallo pitagórico que, habiendo sucesivamente sido con la misma entidad filósofo, varón, mujer, rey, particular, pez, caballo, rana, y aun creo que esponja, dictaminó que no había animal más desgraciado que el hombre, porque todos los demás, se reducían a los confines de su naturaleza y sólo el hombre trataba de salirse de los que le imponía su condición.

[35]

Por el contrario, entre los hombres antepone por muchos conceptos los

ignorantes a los doctos y famosos, y el célebre Grilo fue bastante más avisado que el prudente Ulises, porque prefirió continuar gruñendo en la pocilga en vez de lanzarse con él a tantas aventuras peligrosas. No me parece que Homero, padre de las fábulas disienta de esta opinión, puesto que llama a todos los mortales frecuentísimamente desdichados y desgraciados, y al mismo Ulises, que es su ejemplar de sabio, le califica a menudo de infeliz, cosa que nunca hace con Paris, Ayax ni Aquiles. ¿A qué obedece tal cosa sino a que aquel farsante y embaucador no hacía nada sin el consejo de Palas

y, siendo demasiado sabio, se apartaba a más no poder de la pauta de la naturaleza?

Así, pues, como entre los mortales se alejan de la felicidad aquellos que se afanan por la sabiduría —mostrándose en ello misino doblemente estultos, ya que, a pesar de haber nacido hombres, afectan el género de la vida de los dioses inmortales, olvidándose de su condición y, a ejemplo de los gigantes, con las máquinas de las ciencias declaran la guerra a la naturaleza—, de la misma manera están más libres de desdichas aquellos que se acercan cuanto pueden al genio y a la estulticia de los brutos y no se fatigan con nada que supere a la condición humana.

Vamos a tratar de mostrarlo, pero no con entimemas de los estoicos, sino con un ejemplo vulgar. Y, por los dioses inmortales, ¿hay algo más feliz que esta especie de personas a las que el vulgo llama estúpidos, estultos, fatuos e insípidos, títulos éstos que, en mi opinión, son hermosísimos? Confesaré que a primera vista la cosa parece quizá estúpida y absurda, pero, sin embargo no puede ser más verdadera. En principio, carecen de miedo a la muerte, mal nada despreciable, ¡por Júpiter!, y de remordimientos de conciencia; no les conturba la hostilidad de los espíritus, no les asustan fantasmas ni duendes y ni les turba el miedo de los males que amenazan ni les desasosiega la esperanza de bienes futuros. En suma, no se dejan atormentar por millares de preocupaciones que atosigan a esta vida. No padecen vergüenza, ni temor; no ambicionan, no envidian ni aman. Por último, si llegan a acercarse más a la insensatez de los animales brutos, no pecan, según los teólogos.

Quisiera que meditases, estultísimo sabio, cuántas preocupaciones torturan por doquier tu ánimo de noche y de día; que reunieses en un montón todos los sinsabores de tu vida y así comprenderías de cuánto mal he preservado a mis amados necios. Añade a esto que éstos no sólo se regalan sin cesar, juegan, cantan y ríen, sino que también a dondequiera que van llevan consigo el placer, la broma, el juego y la risa

28

Document info
Document views97
Page views97
Page last viewedSat Dec 10 13:21:16 UTC 2016
Pages34
Paragraphs741
Words35990

Comments