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Erasmo de Rotterdam Elogio de la locura - page 29 / 34

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Erasmo de Rotterdam Elogio de la locura

modo,y hay que preguntarse, ¡por Hércules!, si Dios les oye o les entiende, ya que ellos mismos casi ni oyen ni comprenden, a pesar de que las relinchan a voz en cuello.

Una cosa tienen, empero, en común, los sacerdotes y los laicos, que es que todos vigilan la prosperidad de sus ingresos y no ignoran ninguna de las leyes referentes a ellos, pero si se trata de alguna carga, la echan hábilmente sobre las espaldas ajenas y la vuelven a otros como si fuera una pelota. Así como los príncipes delegan los asuntos de la administración en sus ministros y éstos en los suyos, de la misma manera los sacerdotes, por modestia, dejan al pueblo las atenciones devotas. El pueblo las encomienda sobre los que llama eclesiásticos, como si él nada tuviera que ver con la Iglesia y como si nada significasen los votos bautismales; a su vez, los sacerdotes que se llaman seculares, como si estuviesen iniciados para el mundo y no para Cristo, descargan su obligación sobre los regulares; los regulares sobre los frailes; los frailes de ancha conciencia sobre los más rigurosos; todos ellos, a la vez, sobre las órdenes mendicantes,y éstas sobre los cartujos, entre quienes dicen se oculta la devoción, y tan oculta está, que apenas aparece.

De la misma manera, los pontífices, diligentísimos para amontonar dinero, delegan en los obispos los menesteres demasiado apostólicos; los obispos, en los párrocos; los párrocos, en los vicarios; los vicarios, en los monjes mendicantes y, por fin, éstos lo confían a quienes se ocupan de trasquilar la lana de las ovejas.

Conste que no está en mi ánimo el escudriñar la vida de los pontífices y de los sacerdotes, para que no crea alguien que en vez de estar recitando un elogio, urdo una sátira, ni suponga nadie que censuro a los príncipes buenos y, en cambio, alabo a los infames.

Lo que llevo tratado en pocas palabras tiene por objeto demostrar que ningún hombre puede vivir dichoso si no está iniciado en mis misterios y no le concedo protección.

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¿Y cómo puede ser de otro modo, siesta Némesis que siembra la dicha entre los

hombres, está de acuerdo conmigo de tal modo que siempre ha sido irreconciliable enemiga de los sabios, y, por el contrario, a los estultos les colma de beneficios hasta cuando duermen? Sin duda recordáis a Timoteo, que dio origen a este nombre y a la frase «Durmiendo llena la red»; también sabréis el refrán que dice: «La lechuza es funesta », y viene a propósito para los sabios lo que se dice de: «Ha nacido con mala estrella ». Pero dejémonos de refranear para que no parezca que estoy entrando a saco

en los comentarios de mi querido Erasmo, y volvamos a lo nuestro.

La Fortuna ama a las personas poco sensatas, a los audaces, a los que se complacen en decir: «Todo me lo juego a una carta». La sabiduría hace a las personas tímidas, por lo cual veis fácilmente a los sabios en la pobreza, en la estrechez y en la oscuridad, despreciados,desconocidos y olvidados. En tanto a los estultos afluye el dinero, tienen en las manos la gobernación del Estado y, en fin, prosperan de todos modos. Pues si

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alguno cifra la felicidad en ser grato a los príncipes y en moverse en el trato de estos mis dioses enjoyados, ¿habrá cosa que le sea más inútil que la sabiduría y que más reprobada esté por tal género de personas? Si se trata de obtener riquezas, ¿qué lucro podrá hacer el comerciante que, siguiendo los dictados de la sabiduría, se encalle en un perjurio, se sonroje si le sorprenden en mentira y comparta en lo más pequeño los escrúpulos de los sabios ante los hurtos y la usura? Poco será, sin duda. Por lo mismo, quienquiera que ambicione honores y riquezas eclesiásticos, llegará a ellos antes más bien como asno o como buey que como sabio. Si perseguís el placer, las muchachas protagonistas de esta comedia son enteramente devotas de los estultos y se horrorizan y huyen del sabio como del escorpión. En suma, quien se dispone a vivir con un poco de alegría y optimismo, empieza por excluir de su compañía alsabio y prefiere admitir a cualquier otro animal.

En resumen, adondequiera que vuelvas los ojos, entre pontífices, príncipes, jueces, magistrados, amigos, enemigos, mayores o menores, todos sedesviven por los bienes materiales,los cuales, como el sabio los desprecia, es lógico que acostumbren con fijeza a huir de él.

Aunque mis alabanzas no tienen freno ni fin, es preciso que la declamación acabe alguna vez. Así, pues, voy a terminar, pero antes demostraré en pocas palabras que no faltan graves autores que me han celebrado tanto de palabra como de obra, para que así no parezca que me envanezco estúpidamente y los leguleyos no me calumnien diciendo que no alego nada en mi apoyo. A ejemplo de éstos, traeré alegatos que no tengan nada que ver con el tema.

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Todo el mundo sabe un popular proverbio que: «Dime de lo que alardeas y te

diré de lo que careces». Por ello se enseña acertadamente a los niños que «Fingir estulticia oportunamente es el colmo de la sabiduría». Ya veis, pues, vosotros mismos cuán grande sea la virtud de la Estulticia, que hasta su engañosa imagen e imitación merecen tanta estima de los sabios. Aquel lustroso y orondo cerdo de la piara de Epicuro aconseja con la mayor franqueza que se mezcle «la sandez con el buen juicio », y añade, no con mucho acierto, que éste se haga sólo en pequeña proporción. En otro lugar dice: «Amable cosa es tontear en su momento» y agrega más adelante que «preferible es pasar por insensato y bobo a ser sabio y rechinar de dientes ». Homero, que de tantas maneras elogió a Telémaco, le llama algunas veces «tontuelo», nombre con que los autores trágicos llamaban a los niños y a los jóvenes, por considerarlo de buen augurio. ¿Qué contiene el divino poema de la Ilíada sino las pasiones de reyes y pueblos estultos? Además, ¿qué elogio más rotundo que el de Cicerón cuando dijo: «El mundo está lleno de estultos »?. ¿Y quién ignora que es tanto mayor el bien cuanto más

extenso?

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Como acaso éstos gocen de poca autoridad entre los cristianos, voy, si os place,

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