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segundo grado, y, respectivamente, de tercer, cuarto y quinto grado.

a) Problemas de localización de primer grado. Son bien conocidos; se trata de cuestiones del tipo de la conversión de unidades de medida: millas en kilómetros, galones en litros, etc. Este tipo de información puede almacenarse fácilmente en tablas de conversión que pueden ser usadas tanto por un traductor humano como por un programa de TA. Este tipo de localización afecta sobre todo al lenguaje  especializado, pero no únicamente. De hecho vamos a prescindir de la diferencia entre lengua común y lenguaje especializado, y vamos a considerar a la lengua común un subconjunto del lenguaje total, y por lo tanto perteneciente a un área temática (si se quiere, el área temática de la “no especialización”). No sólo unidades de medida, sino muchos términos compuestos consolidados pueden incluirse en este primer nivel de localización y, a pesar de no responder a una traducción literal (estándar) de cada uno de sus componentes, se puede obtener su equivalente a partir de glosarios o diccionarios comunes:

hormigón armado => prestessed concrete

goma espuma => foam rubber

estrella de mar => starfish

ratoncito Pérez => tooth fairy

Naturalmente es preciso identificar la colocación terminológica como una unidad conceptual, tal y como veíamos en el apartado 3, y también debemos contar con la presencia del concepto en los sistemas lingüísticos que estamos comparando.

b) Un segundo grado de problemas de localización se encuentra en la conversión de conceptos que tienen un mayor grado de dependencia de dominio o de contexto. Si traducimos el término abstracto de 1 gallon al español , la solución es 3’785 litros (4’546 en el contexto de la Gran Bretaña), pero si de lo que estamos hablando es de un recipiente para agua potable (a gallon container) deberemos traducirlo por “garrafa de 5 litros”, puesto que ésa es la medida que se ha estandarizado para su comercialización en España. Este tipo de adecuación es muy difícil que pueda ser efectuado por un programa, a no ser que éste haya sido adaptado a un tema muy concreto, lo cual supondría a la vez una fuerte limitación para la comercialización del mismo. (Algo parecido pero más difuso ocurre con la traducción general de los referentes culturales marcados como ‘pancakes’ => ¿crêpes?, ¿tortas?, o ‘scones’ =>¿madalenas?, ¿pastas?)

c) Un tercer grado de dificultad en la localización procede de lo que se ha denominado ‘creencias’ o ‘inferencias’ que afectan la lengua de partida así como la lengua de llegada (Farwell & Helmreich, 1995). El traductor debe hacer emerger a la conciencia las asunciones y convenciones que se hallan en el texto original para construir un texto meta que posea el grado máximo de adecuación. Esto significa columpiarse entre los dos universos de creencias, el de la cultura origen y la cultura meta, y considerar cuáles son las consecuencias de las decisiones que afectan el contenido. En su artículo Farwell & Heilmreich plantean un ejemplo interesante sobre la traducción de una referencia a un autor de teatro francés, Feydou, cuyo nombre fue sustituido por la denominación común de ‘obra de enredo’ (bedfarce), porque el público americano incluía este referente en su conjunto de creencias, pero no el nombre del dramaturgo francés. A pesar de la posibilidad de hacer

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