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Diario Nuevo Día - Coronel Suárez

27/01/2011

Fallecimientos

  • +

    Sra. Brígida Ullmann Schwab de Fischer.- A la edad de 87 años se produjo el día 24 del cte. el fallecimiento de la señora Brígida Ullmann

Schwab de Fischer, siendo muy lamentada la noticia entre sus familiares y amistades. Sus restos mortales fueron velados en sala de la Cooperativa Eléctrica de Pueblo San José, recibiendo cristiana sepultura el lunes en el cementerio de Pueblo San José. Servicio: Cooperativa Eléctrica, P. San José. + Sr. Juan Agustín Cisnero.- Cuando contaba con 69 años dejó de existir el martes ppdo. el señor Juan Agustín Cisnero, siendo muy lamentado entre sus familiares y amigos. Sus restos mortales fueron velados en la sala de Pueblo Trinidad, recibiendo cristiana sepultura ayer a las 10:30 en el Cementerio del mismo. Servicio: Cooperativa Eléctrica, P. San José. + Sra. Irene Alicia Vander Tuin de González.- En nuestra ciudad se produjo el lunes ppdo. el deceso de la señora Irene Alicia Vander Tuin de González ‘Pochola’ como se la conocía familiarmente, cuando contaba con 77 años, provocando la noticia sentido pesar entre sus familiares y amistades. Sus restos mortales fueron velados en Villegas 174, siendo inhumados el martes a las 11:00 en el Cementerio Municipal. Casa de duelo: Uspallata 688. + Sra. Ida J. María Gnocchini de Biagioli.- Fue muy lamentado entre sus familiares y amistades, la noticia de la desaparición física de la señora Ida Josefa María Gnocchini de Biagioli, ocurrida el día 25 del cte. cuando contaba con 88 años. Sus restos mortales fueron velados en Villegas 174, recibiendo cristiana inhumación el martes a las 19:00 en el Cementerio Municipal. Casa de duelo: Mitre 440. Servicio: Ramos y Cia.

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Opinión

27/01/2011 Como se pide

Agradece a los Bomberos de Sierra de la Ventana

Es muy difícil expresar con palabras el sentimiento que tengo en este momento. Hace dos semanas Dios me puso a prueba, la más difícil de mi vida, pero a su vez, él quería que yo me salvara, por eso me pasó ahí, frente a gente que podía ayudarme. No hay palabras para agradecerles a los bomberos Enrique Alegre y Hugo Polvara que, inmediatamente y sin dudar, actuaron demostrando su capacidad, coraje, organización y esa vocación de servicio que tienen todos los bomberos de la región. Sin ese primer auxilio otro hubiese sido mi futuro. Sé como se preparan para actuar en ayuda de los demás y conmigo quedó demostrado que todo lo aprendido permitió salvarme la vida. Hoy estoy bien, y todos se sorprendan que en tan poco tiempo me haya recuperado. Pero todos coinciden en que, sin ese primer auxilio, este milagro no hubiera ocurrido. Les agradezco a todos los bomberos y sigan siendo el grupo humano que son, y siempre los voy a tener en mi corazón. Gracias, de parte mía y de mi familia.

Ester Lohrmann

¡Gracias Enrique, gracias Hugo, gracias... Bomberos!

Todo era fiesta esa tarde en la calle Roca. El fin de curso del Hogar Agrícola, como todos los años, invitaba a la alegría. En ese acto de despedida culminaba un año de trabajo hacendoso, pero el drama, que está siempre agazapado atrás de la alegría para emerger en el momento menos pensado, no faltó a la cita. Estar contenta por recibir su premio, cuando caminaba hacia su asiento, se desplomó. “Trastabilló”, dijeron varios e intentaron levantarla. Sin embargo no pudieron. Estaba inerte y la rápida cianosis que enrojecía su cara decía otra cosa. El bombero Enrique Alegra se percató de la situación y rápido como un rayo se abrió paso entre el tumulto, ordenó que la dejaran en el suelo y comenzó las tareas de reanimación con masaje cardíaco y respiración boca a boca, defendieron la vida de Ester. Corriendo, una enfermera de la sala primero, un médico luego y otro al poco tiempo llegaron, pero los bomberos mantuvieron la manipulación hasta la llegada demorada de la ambulancia. Cabe acotar que por escasez presupuestaria la sala médica sólo tiene guardia pasiva en ese horario de la tarde, por lo que la respuesta a la emergencia no fue inmediata a pesar de estar a sólo cien metros. Por suerte estaban Enrique y Hugo. Por suerte también tuvieron la sabiduría y la templanza para hacerse cargo de la situación y actuar con eficacia. Por suerte la buena gente puede más que la mezquindad de quienes recortan y pelean monedas a cambio de vidas. Gracias Enrique, gracias Hugo, gracias bomberos de Sierra de la Ventana.

Manolo Sierra de la Ventana

Esther Lohrmann

27/01/2011

Política patética

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