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Universidad de Zagreb - page 212 / 272

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los políticos, las injusticias y el clero.

Ángel del Campo  “Micrós” simpatiza con gente de clase humilde, pero no se ocupa del grupo, como lo hace el cuentista de la Revolución. Ricardo Flores Magón publica en el periódico Regeneración, del 31 de diciembre de 1910, el boceto “Dos revolucionarios”,  en el cual, refleja la conciencia de clase; este, como tantos otros de sus bocetos, fueron escritos con el objeto de contagiar a los mexicanos del sentido de justicia para que reclamen sus derechos, no pretendía fines literarios, pero significó la coyuntura para que se atrevieran a manifestarse a través de la palabra escrita, otros tantos:

[...] autores que entre 1910 y 1916 publican anécdotas revolucionarias; [...] Alfonso Ituarte, Eugenio Martínez Lázzri y Alfredo Aragón. Pero ninguno logra mejorar las formas de los realistas. El primero en hacerlo es Mariano Azuela el creador de la novela de la Revolución. En sus cuentos de tema revolucionario (“El caso López Romero”, “De cómo al fin lloró Juan Pablo”, “Y últimamente”, “La nostalgia de mi coronel”, “Anuncios a línea desplegada”, etcétera) ya encontramos no sólo los temas de la Revolución, sino un deseo de forjar nuevos modelos para el cuento mexicano. Desgraciadamente, sus cuentos o quedaron inéditos o fueron opacados por el brillo de su novela. (Leal, 1993: X- XI)  

Durante los años de 1916 a 1924 pocos cuentistas se ocuparon del tema revolucionario. En 1918 José Vasconcelos publicó el cuento “El fusilado”, cuya técnica crea una distancia entre los acontecimientos allí referidos, producto de la realidad histórica y el narrador, ya que introduce el aspecto fantástico, pues el personaje narrador es un muerto. Domingo S. Trueba, Miguel López Heredia y Miguel Galindo, abordan directamente la contienda revolucionaria.

El cuento de la Revolución obtuvo mayor auge en el público y alcanzó su más alto nivel de 1928 a 1940, publicado en periódicos, revistas, colecciones y antologías; supera la temática en torno a la Revolución, que cualquier otro aspecto de la vida mexicana. Las primeras colecciones lanzadas, corresponden a la pluma de dos de sus mejores representantes Rafael F. Muñoz  con El feroz cabecilla (1928); y Martín Luis Guzmán, con El águila y la serpiente, colección de relatos sobre los incidentes de la lucha armada; sin embargo, evaden el aspecto primordial de la Revolución: la reforma social. Sólo el Dr. Atl (Gerardo Murillo) en el cuento “Amanecer” lo aborda de contundente manera, ya que en el personaje del hacendado se realiza la justicia, paga la deuda y resulta símbolo de la injusticia cometida contra sus peones.

El tema del agrarismo  es muy  manejado en la obra producida de 1930 a 1932: José Mancisidor publica  “El destino”, cuyo protagonista  y su hijo son ejecutados por pedir tierra; es

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