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Universidad de Zagreb - page 221 / 272

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Hablar de Juan Rulfo siempre será una invitación a ingresar en un mundo aparte. Mundo al que los torrentes de tinta vertidos por la crítica (y por sus críticos) sólo han logrado arrebatar pequeños jirones del espeso velo que rodea el misterio de su obra.

Caso único de la literatura mexicana, sin duda. Con una obra sumamente breve, compuesta por un libro de cuentos y una novela (El llano en llamas y Pedro Páramo respectivamente), que entre ambas no suman trescientas páginas, Rulfo se colocó entre un selecto grupo de escritores de la literatura del siglo XX, y aún de la literatura universal, en opinión de no pocos de sus colegas de renombre internacional.

Se han reiterado sinnúmero de veces las características esenciales de su literatura, entre ellas, la ruptura del tiempo y del espacio y su reordenamiento en una estructura, en apariencia no existente pero perfectamente identificable por el lector; la simultaneidad de pasado y presente, que conviven en el texto sin referencia explícita de uno o de otro, pero de los que, de nuevo, el lector puede advertir la diferencia; la renuncia del autor a manifestar su punto de vista y a toda reflexión de carácter subjetivo, aunque en el tono y en la atmósfera éste quede implícito; la capacidad metafórica de su lenguaje en el que la desolación del paisaje no es sino la imagen de la desolación humana, y, sobre todo, la reelaboración del lenguaje rural en un lenguaje escrito de altos vuelos poéticos.112

También se han señalado las principales preocupaciones temáticas de la obra rulfiana: la pérdida del Edén y la caída; el hombre habitando el mundo de los muertos sin esperanzas de redención a causa del pecado y la culpa, y la crítica velada al fanatismo religioso que, en gran parte del medio rural mexicano, existe plagado de formas paganas y vaciadas de su contenido cristiano originario.

Conciente de que nada nuevo puedo agregar al descomunal torrente de tinta que la obra de Rulfo ha convocado, me limito a estos señalamientos generales, y concluiré este apartado con algunas citas de escritores de alto renombre en torno a la obra y la persona de Juan Rulfo.

Poco después de la muerte de Rulfo, García Márquez dijo de la obra del autor jalisciense: “No son más de trescientas páginas, pero son casi tantas, y creo que tan perdurables, como las que conocemos de Sófocles.”113

Borges dijo de Pedro Páramo: “es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aún de toda la literatura.”114

Un poeta dijo: “¿Rulfo? Ese señor nos enseñó un lectura imposible: caminar hacia Comala y encontrarla”. Era José Lezama Lima.

Ésa es la dimensión de Juan Rulfo, y no hace sino acrecentarse con el paso del tiempo.

Conclusión

La narrativa mexicana alcanza, durante el siglo XX, su tiempo de madurez, y lo logra deshaciéndose de un pasado retórico y ampuloso fiel a las rancias formas heredadas de la preceptiva española y en el aprendizaje de los avances logrados por la novela europea decimonónica y de principios del siglo pasado, principalmente francesa, inglesa y rusa, así como de la norteamericana de la misma época.

112 Jiménez de Baez, Yvette. Juan Rulfo: del páramo a la esperanza; Fondo de Cultura Económica, México, 1990.

113 García Márquez, Gabriel, Nostalgia de Rulfo, Araucaria de Chile, No. 33, Santiago de Chile, 1986.

114 www.sololiteratura.com Juan Rulfo, semblanza.

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