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Universidad de Zagreb - page 83 / 272

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sorprendente la facilidad con que cualquiera consigue ganárselos. Harán por él cualquier tipo de favor. Y cuántas más cosas de esas tenga un padre, más fácil consigue algo para gloria de Dios, más fácil les induce al bautismo. Las cosas que son especialmente buscadas son azadas, hoces, cuchillos, lienzo, tejidos y similares. Si alguien les vende o regala algo de esto es el mejor de los amigos.»

«Sus viviendas son de forma circular, como las atalayas que se colocan en nuestro país para la caza de las alondras. Son muy angostas y a duras penas pueden dormir en ellas tres personas cómodamente. O bien están cubiertas de paja o están descuidadamente recubiertas de barro. Ellos son leales entre sí y raramente se robarán cosas unos a otros. Antes mueren de hambre. Como acostumbran a andar de un lado para otro, dejan sus casas vacias durante meses. Casi siempre son de tez oscura, casi negra, de ojos vivos, cuerpos firmes, casi todos sanos. Pocos son los que la naturaleza ha dado cojos, ciegos, sordos o mudos. De modo que a no ser que por una desgracia alguno no padezca un mal parecido, casi no se ve ninguno que sufra estas enfermedades.» (Rattkay, 1989, 187-189)

Resultan interesantes los juegos con los que ejercitan el cuerpo cuando comen demasiado: «Su juego principal es la pelota. Esta no está hecha por la mano del hombre, sino de forma natural, de las gotas que brotan de una hendidura en un árbol. Es blanda, como un fruto grande de un membrillo gigante. Se la lanzan unos a otros marcando un campo en forma de cuadrado (como en el juego de la pirámide). De cada lado hay seis o cinco hombres, cubiertos sólo en torno a las caderas. Los que están en el cuadrado, cubiertos de piel de vaca, con los pies y las manos en la tierra, esperan la /pelota/ que al tocarles la lanzan con el trasero. /Fuera/ atrapan la pelota y la vuelven a lanzar hasta el otro lado mientras uno de los lados no falla. Si no pueden cazarla con el trasero la atrapan, cuando rebota, con los hombros. Y si la pelota toca cualquier otra parte del cuerpo excepto el trasero y los hombros, la pierden. Y así van jugando hasta no llegar a un determinado número.» (Rattkay, 1989,195-197).

Adoraban a diferentes ídolos: «Aún tenían brujos, que vivían en los montes y en los bosques, gigantes del bosque a los que llamaban Tetsan – ellos destrozaban a los enemigos que se les acercaban; y las mujeres de esos duendes, que ellos llamaban Vribe- mataban a los niños y a los jóvenes. Consideraban al Sol el rey de los dioses, como se ve por sus conversaciones, y a la Luna su madre. Por eso durante la Luna llena hacían un corro bailando y dentro del círculo daban brincos demostrándole gran honor. Cuando salían a batalla o deseaban

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