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Rocío Anguita Martínez

1. Introducción

Este artículo no trata de explicar y/o revisar con toda su exahustividad la his- toria de las instituciones de formación del profesorado de nuestro país (Normales

  • o

    Escuelas de Magisterio) a lo largo de su ya siglo y medio de existencia, tópico

que han desarrollado ampliamente otros autores y autoras a través de una amplia investigación historiográfica (algunos ejemplos son los trabajos de Escolano, 1982; Gabriel, 1994; Melcón, 1992; Molero, 1978; Ortega, 1987). El propósito es más bien indicar y analizar algunos de los rasgos que históricamente han ido configurando estos centros de formación del profesorado y cómo se establece una línea de conti- nuidad con la situación actual de los mismos, ayudándonos a comprender algunos de los dilemas planteados en estos momentos.

2. Algunas claves históricas de la formación del profesorado

Tal y como expresa Escolano (1982, 56),

"la creación y difusión de las Escuelas Normales contemporá- neas [...] se asocia a la génesis y desarrollo de la segunda revolución escolar, que ha conducido [...] al establecimiento de los sistemas esco- lares nacionales a lo largo de los siglos XIX y XX".

Por tanto, la aparición de instituciones públicas para la formación del profeso- rado en nuestro país se une al movimiento de creación de los sistemas nacionales de educación, que en España se produce con algo de retraso con respecto a los países europeos del entorno y siempre a la zaga de los movimientos pedagógicos desarrollados en estos países. Es a lo largo de finales del siglo XVIII y primer cuar- to del XIX cuando se fueron creando diversas instituciones constituyéndose en las precursoras de las Escuelas Normales, tales como la Cátedra de Educación (1797), la Junta de Exámenes (1804), el Real Instituto Militar Pestalozziano (1806) y la Es- cuela Mutua de Madrid (1818). Pero no sería hasta 1839 cuando se creará la Escuela Central de Maestros, con una doble finalidad: por un lado, la de iniciar la forma- ción del profesorado en nuestro país de forma reglada y, por otro, la de formar a las personas encargadas de extender las Normales a todas las capitales de provin- cia del país (Ballarín, 1987, 37-39). A pesar de ello, la expansión de las Normales masculinas fue rápida (en apenas diez años) pero irregular y llena de incidentes por el alto interés puesto desde el gobierno central, pero la escasa dotación de fondos para ello, debido a la asignación a las Diputaciones Provinciales, lo cual las dejó al arbitrio de cada una de ellas hasta la publicación del Reglamento de 1843 en donde se unificaban las Normales. Esta situación se haría extensiva, igualmente, a la Escuela Normal Central, cayendo en un periodo de decadencia a los cinco años de su creación y viendo reducido el número de sus alumnos a doce en tan sólo diez años (Ballarín, 1987, 40). El caso de la Escuela Central de Maestras es aún más preocupante, ya que tardaría 20 años más en aparecer, aunque ya existían iniciati- vas en algunas provicias de creación de normales femeninas a partir de 1847.

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ISSN 0213-8464 · Rev. Interuniv. Form. Profr., 30 (1997), 97-109

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