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María Holgado González

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programación sin que la Administración electoral pueda sustituirla en esta función, decide llevarlos a cabo tendrán derecho a participar en los debates todas las formaciones políticas que concurran a las elecciones y ostenten representación parlamentaria, cuando así lo soliciten (puesto que se ha de respetar el pluralismo político y social y la neutralidad informativa). Ello no impide la existencia de debates bilaterales si se compensa la ausencia del resto de los partidos dándoles ocasión de participar en otros debates o cubriendo ampliamente la información de sus actos políticos.

Ésta es además la doctrina del Tribunal Supremo en la única sentencia sobre debates electorales dictada hasta la fecha, donde considera que los principios de igualdad, pluralismo y neutralidad informativas quedan garantizados tanto median- te debates bilaterales entre líderes de los partidos con mayor representación parlamentaria como a través de debates plurilaterales. Esta sentencia fue dictada con ocasión del recurso planteado por Izquierda Unida contra el Acuerdo de la Junta Electoral Central de 21 de mayo de 1993 que autorizó la celebración de los debates bilaterales entre Aznar y González en las emisoras de televisión privadas durante la campaña de las elecciones de 6 de junio de 1993. Según el Tribunal Supremo, no cabe impedir la celebración de debates electorales televisivos cuando exista acuerdo entre los partidos y los medios de comunicación y siempre que, respetando el principio de proporcionalidad, se conceda de la mejor forma posible a las demás fuerzas políticas similar oportunidad (o lo que es lo mismo, siempre que se haga una «oferta igual» al resto de partidos) sin que en ningún caso se pueda «imponer un determinado formato informativo, que puede invadir la liber- tad del medio de configurar técnicamente esos formatos»42.

Así las cosas, aunque la celebración de debates en los que participen todas las formaciones políticas que se presentan a las elecciones parece la opción más justa, se ha terminado teniendo en cuenta que, empleando las palabras de Pérez Royo, «la fórmula del enfrentamiento directo entre los dos candidatos de los dos partidos que tienen la posibilidad real de formar gobierno es insustituible para que los ciudadanos puedan formarse una opinión sobre el programa con base en el cual va a ser dirigido el país o la comunidad autónoma y sobre la confianza que le merece la persona que va a ser portadora de dicho programa»43. En tal sentido se manifiestan los esclarecedores resultados del trabajo realizado por Wert con mo- tivo de las elecciones de 1993, en las que se llevaron a cabo los debates bilaterales Aznar-González, que congregaron aproximadamente a un tercio del censo electo- ral en audiencia media44.

42 STS de 13 de febrero de 1996. 43 Pérez Royo, J., «Debates electorales», El País, Andalucía, de 3 de marzo de 2000, pág. 2. 44 Wert, J. I., «Perspectivas de reforma del régimen electoral: campañas, medios de comunicación y encuestas

electorales» en VV.AA.. La reforma del régimen electoral, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1994, pág. 95.

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