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El uniforme de cabo no difería del uniforme de soldado, ya que ambos pertenecía a la clase de tropa, basado por lo tanto en el modelo reglamento de 1926 (ver “La Voz del Frente” nº 7). El grado de cabo correspondía, y corresponde, al militar de la clase de tropa inmediatamente superior al soldado e inferior al sargento. En la compañía de fusiles, el cabo mandaba una escuadra, formada por lo general por cinco soldados. Las escuadras se podían diferenciar según el arma que utilizasen, así se podía hablar de escuadras de fusileros-granaderos, de fusileros ametralladores o escuadra de morteros.

Respecto al uniforme que podemos ver en las fotografías que acompañan este artículo, y donde se representa a un cabo de infantería nacional, este luce gorrillo isabelino, ribeteado con el color de la infantería, rojo, con borla del mismo color y el distintivo de empleo al frente. Lleva guerrera de dos bolsillos, en tono caqui-verdoso, con los emblemas del arma sobre los picos del cuello, que también aparece en relieve en la chapa del correaje, y dos tiras de tejido de color rojo, aproxi- mádamente desde el puño hasta el codo, que muestran de nuevo su empleo. En lugar de los habituales pantalones granaderos, lleva pantalones bombachos, de tono más claro que la guerra debido al desgaste del tejido con el uso, con vendas de paño caqui, calcetines de lana gruesa vueltos, moda traída a España por las tropas italianas del CTV y que rápidamente adoptaron muchos soldados en el bando nacional, y bota corta o borcegui de color avellana.

Lleva el reglamentario correaje carniago, llamado así por el nombre que recibía el empaque reglamentario de la munición para la dotación individual del soldado, paquete carniago. Aunque el color del correaje era originalmente de color avellana, la intemperia, la lluvia, el sol y la grasa que se le daba para limpiarle provocaba que el color del correaje se oscureciese, tomando un tono marrón. En

el correaje lleva colgado un casco español M-26 o modelo “con ala”, con su tono regla- mentario de preguerra, “gris cemento”.

Porta la inseparable e indispensable manta del soldado español, un gran macuto de costado, en color neutro de lona y un bote de máscara antigás alemán del primer modelo de 1936, del que probablemente haya tirado la máscara antigás para poder llevar objetos perso-

nales. Como

arma

porta

un

mosquetón mauser modelo 1916 con su correspondiente machete-bayoneta, también del modelo 1916.

Como detalle personal lleva prendido sobre el bolsillo izquierdo una pequeña cruz con una tira de tela con los colores de la bandera rojigualda, quizá regalo de su madrina de guerra*, y sobre la muñeca derecha se puede ver una chapa de identi- ficación, según el modelo reglamentario de preguerra, aunque esta pieza no era muy habitual.

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  • *

    Las madrinas de guerra

surgen en la Primera Guerra Mundial como forma de aliviar y distraer al soldado que sufre la dureza de la vida en las trincheras a traves de largas cartas. Esta costumbre llegó a España durante la Guerra de Marruecos y fue muy habitual durante la Guerra Civil Español, sobre todo en el bando nacional. Como dejo escrito un soldado: “La madrina no la concibo de otro modo : un poquitín de madre; otro poquito de hermana de la caridad; otro poquillo novia; y un 98% de amiga leal” o como la define García Serrano en su imprescindible “Diccionario para un macuto”: “Ente real y no tangible que se manifes- taba a través de la correspon- dencia, pero cuyo coeficiente de eficacia estaba en razón directa de su generosidad, traducida en el número de paquetes que enviaba a su ahijado”.

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