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1. Introducción. 2. El pragmatismo norteamericano: su compromiso ético-político ... - page 11 / 29

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Universalidad de los derechos humanos y crítica de las teorías de la naturaleza…, pp. 47-75.

consideran humanos a sus víctimas en ningún sentido. Las víctimas21 son vistas como animales o niños, o simples mujeres, y por tanto menos que humanos.

La respuesta filosófica tradicional a dicha miopía ha sido argumentar acerca de la esencia humana. Rorty desdeña este enfoque metafísico al considerarlo fútil, trasnochado y pasado de moda, saludando efusivamente el moderno desinterés en tales discusiones. El pensamiento de Platón consideraba que había una gran diferencia entre nosotros y los animales. El hombre posee un ingrediente especial adicional: la razón. Sin embargo, para Nietzsche el hombre es un animal excepcionalmente desagradable y peligroso, un virus, una enfermedad del universo. Y los derechos humanos es un intento patético de los miembros de la especie débiles para contener a los más fuertes22

“¿De qué depende aquella condición enfermiza? Pues el hombre está más enfermo, es más inseguro, más alterable, más indeterminado que ningún otro animal, no hay duda de ello, él es el animal enfermo: ¿de dónde procede esto? Es verdad que él también ha osado, innovado, desafiado, afrontado el destino más que todos los demás animales juntos: él, el gran experimentador consigo mismo, el insatisfecho, el insaciado, el que disputa el dominio último

21 Rorty nos recuerda que la distinción humano-animal, adulto-niño, hombre-mujer constituyen tres formas principales en las cuales nosotros, humanos paradigmáticos, nos distinguimos de los casos fronterizos. Rorty opina que si bien Nietzsche tenía razón con toda la insistencia de Kant en la incondicionalidad no deja de ser una expresión de resentimiento, sin embargo se equivocaba en ver la cristiandad y las revoluciones democráticas como un signo de degeneración humana. Kant y Nietzsche compartían algo en común, lo que Iris Murdoch ha llamado “sequedad” y Jaques Derrida “falocentrismo”. “El elemento común en su pensamiento era el deseo de pureza. Esta clase de pureza consiste no sólo en ser autónomo, dueño de sí, sino también en tener la autosuficiencia consciente que Sartre describe como la síntesis perfecta del en-sí y el para-si” RORTY, R., “Human rights, Rationality and sentimentality” in Shute, S. And Hurley, S.: On Human Rights. Oxford. The Oxford Amnesty Lectures, Basic Books, 1993. RORTY, R.,:Derechos humanos, racionalidad y sentimentalidad” en SHUTE S. y HURLEY S.  (comp.) De los derechos humanos. Madrid, Trotta, 1998, p.132. También se puede consultar su trabajo donde hace una interpretación pragmática de Nietzsche, RORTY, R. “Un filósofo pragmático” en Revista de Occidente, Marzo, nº226, 2000.

22 Su radicalismo individual intenta salvar al individuo de la influencia perniciosa de la masa. Esto le lleva a realizar una crítica radical de la democracia moderna, acusando al sistema democrático de ser la forma histórica más efectiva de empequeñecimiento y aniquilamiento de la personalidad individual. Para él, es demasiado evidente que los hombres no son por naturaleza iguales, como reza el dogma liberal, ni tampoco todos disfrutan de la misma dignidad. DELEUZE, G.,  Nietzsche y la filosofía, trad. Carmen Artal, Barcelona, Anagrama, 1971; ENGUITA Esteban y QUESADA, J. (comp.) Política, Historia y verdad en la obra de F. Nietzsche, Burgos, Huerga e Fierro editores, 2000; CONILL, Jesús: El poder de la mentira (Nietzsche y la política de la transvaloración), Madrid, Tecnos, 2001; GUERVÒS, Santiago, Arte y poder (Aproximación a la estética de Nietzsche), Madrid, Ed. Trotta, 2004.

Universitas. Revista de Filosofía, Derecho y Política, nº 5, enero 2007, ISSN 1698-7950

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