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1. Introducción. 2. El pragmatismo norteamericano: su compromiso ético-político ... - page 14 / 29

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Rafael Enrique Aguilera Portales

sobre principios filosóficos como dignidad, libertad, autonomía se torna irrelevante, absurdo y anacrónico para Rorty. No vale la pena plantear si los seres humanos realmente tienen los derechos humanos enumerados en la Declaración de Helsinki. Nuestra cultura occidental, cultura de los derechos humanos, cultura con la cual nos identificamos en democracia, es moralmente superior a otras culturas; pero esta superioridad no implica la existencia de una naturaleza humana universal.

“Consideramos que nuestra tarea consiste en hacer nuestra cultura, la cultura de los derechos humanos más consciente de sí y más poderosa, en lugar de demostrar su superioridad sobre otras culturas mediante la apelación a alguna realidad transcultural.”31

El pragmatista quiere librarse de la concepción kantiana de obligación moral incondicional, y un buen ejemplo de ello lo ofrece la problemática de los derechos humanos. De este modo, su planteamiento se opone al planteamiento de Ronald Dworkin, para quien tales derechos están por encima de toda consideración de la eficiencia y la conveniencia social. Rorty ataca la idea misma de razonamiento fundacional en materia de moralidad política. En su ensayo The priority of Democracy to Philosophy sostiene que ninguna filosofía política sustenta la cultura pública explícita del Estado liberal; no existe fundamento, salvo el de tipo superficial que el “consenso entrecruzado” de Rawls puede suministrar. Solamente, existe la cultura pública misma. Como nos dice: “Desde el punto de vista del pragmatista, la noción de “derechos humanos inalienables”32 no es ni mejor ni peor que el eslogan de la “obediencia a la voluntad divina”. Cuando se los invoca como motores inmóviles, esos eslóganes son, sencillamente, una manera de decir que no va más allá, que hemos agotado nuestros recursos argumentativos. Hablar de voluntad de Dios o de los derechos del hombre, como hablar del honor de la familia o de la patria en peligro, no es algo que resulte apropiado para la crítica y el análisis filosóficos; es infructuoso mirar

31 RORTY, R.:Derechos humanos, racionalidad y sentimentalidad” en SHUTE S. y HURLEY S.  (comp.) De los derechos humanos. Madrid, Trotta, 1998, p.121

32 RONALD DWORKIN considera los derechos humanos como inalienables y no da una respuesta correcta a los dilemas morales. La concepción iusnaturalista moderada de Dworkin se enfrenta a la posición positivista que sostiene que sólo son normas jurídicas aquellas que son reconocidas por su origen fáctico y perfectamente distinguibles de las normas morales. Su posición se apoya en la admisibilidad de ciertos tipos de estándares morales como parte del Derecho, el alcance de la discreción judicial y la posibilidad de justificar proposiciones jurídicas sobre la base de prácticas sociales. Estos tres elementos se enfrentan radicalmente a la visión positivista. Veáse al respecto el trabajo NINO, Carlos Santiago, “Dworkin y la disolución de la controversia positivista versus iusnaturalismo” en SQUELLA Agustín, Ronald Dworkin, Revista de Ciencias sociales, Universidad de Valparaíso, Chile, nº38, pp. 495-528. DWORKIN, Ronald, Talking Rights seriously, Dockworth, 1978, London, 2° ed. (existe trad. Cast. De M. Guastavino, con prólogo de A. Casamigila, Barcelona, Ariel, 1984).  

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