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1. Introducción. 2. El pragmatismo norteamericano: su compromiso ético-político ... - page 22 / 29

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Rafael Enrique Aguilera Portales

Pero, desde este pragmatismo52 basado en la eficacia, podríamos preguntarle a Rorty: ¿Cómo difundir los derechos humanos si no cabe argumentación racional en su defensa?, ¿cómo podemos difundir y propagar los derechos humanos de forma eficaz si no podemos ejercer la crítica racional contra la vulneración y conculcación de los mismos?, ¿cómo propagar los derechos humanos sin un apoyo sólido y firme que posibilite y explique su elección preferencial?, ¿cómo articular una mayor protección jurídica de los derechos humanos si no podemos articular estrategias fundacionales que ayuden a comprender su enorme valor axiológico-deontológico (ético), político-legitimador (sociológico) y valorativo-interpretativo (iusfilosófico)?

Rorty huye de toda categoría y teoría que posibilite argumentar y generar una cultura sólida y profunda de los derechos humanos. Su miedo antiesencialista le impide ver que precisamos de nociones como humano e inhumano, dignidad, persona que nos permitan distinguir un mayor o menor nivel de reconocimiento, respeto y protección de los derechos humanos. Estas nociones nos sirven para profundizar, argumentar y difundir la cultura de los derechos humanos.

Rorty está reduciendo la difusión y propagación de los derechos humanos a una simple cuestión de mera sentimentalidad, despojándolos de su fuerte carácter cognitivo, educativo, valorativo y racional desde una ética banal y frívola como: “Producir generaciones de estudiantes amables, tolerantes, prósperos, seguros y respetuosos con los demás en todas partes del mundo es justamente lo que se necesita para alcanzar una utopía ilustrada. Mientras más jóvenes así podamos criar, más fuerte y más global será nuestra cultura de los derechos humanos”53.

Como señala el profesor J. L. Rubio Carracedo: “[…] Rorty ha denunciado todos los intentos planteados, por sustentarse más o menos directamente en el cognitivismo. Pero la denuncia de los abusos congnitivistas no legitima el arrojarse en brazos del irracionalismo y declarar, como hace Rorty, que la solución está en la

52 En este sentido, según Rorty, deberíamos traducir la idea de “objetividad” como intersubjetividad o solidaridad y conocimiento como solidaridad. Debemos traducir el deseo de objetividad como el deseo de alcanzar el mayor acuerdo intersubjetivo posible. “Objetividad” ha de entenderse, en definitiva, como “acuerdo” entre los miembros de nuestra comunidad epistémica y otras comunidades, sólo así podrá lograrse un diálogo y comunicación entre todos los participantes. RORTY, R., La filosofía y el espejo de la naturaleza (trad. de J.M. Esteban ),Madrid, Tecnos, 1989.

53 RORTY, R.: “Derechos humanos, racionalidad y sentimentalidad” en SHUTE S. y HURLEY S., op. Cit.,  p. 130.  

www.revistauniversitas.org

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