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1. Introducción. 2. El pragmatismo norteamericano: su compromiso ético-político ... - page 26 / 29

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Rafael Enrique Aguilera Portales

El desacuerdo entre Rorty, Habermas y Rawls, es más teórico (búsqueda de fundamentos), que político (proyecto moderno); todos comparten el proyecto político de la Ilustración, la cultura de los derechos humanos y la democracia; pero disienten drásticamente en la visión que tienen de cómo hay que realizar dicho proyecto64. Para Habermas, habría que conservar al menos un eje seguro para no abandonar la “crítica racional de las instituciones existentes”, considerando que todo el que abandone tal enfoque es irracionalista, porque desecha las nociones que se han utilizado para justificar las diversas reformas de la historia de las democracias occidentales desde la Ilustración. Abandonar esta perspectiva “universalista” es traicionar las esperanzas sociales que han sido nucleares en la política liberal. Rawls, en cambio ocupa una posición intermedia entre Habermas y Rorty.

Considero que pensadores postmodernos como Foucault, Derrida, Rorty deberían distinguir entre confort metafísico proporcionado por nuestra tradición filosófica y los fundamentos políticos de nuestras instituciones sociales y jurídicas. Es cierto que, hay un enorme lastre metafísico del racionalismo ilustrado; pero no veo tan fácil deshacernos de esta metafísica ilustrada cuando precisamente ésta impregna y contagia las concepciones de derechos humanos, ciudadanía y Estado Constitucional que hemos conformado históricamente. Por otro, lado la Ilustración posibilita una renovación y revisión crítica constante de léxicos y prácticas lingüísticas, discursivas y políticas. Estamos ante una proyecto incompleto e inacabado, todavía no concluido, como sugiere Habermas, que indudablemente precisa de una heterogeneidad y pluralidad de prácticas variadas posibles, fundacionales, pragmáticas, argumentativas y discursivas. Soy escéptico y dudo que podamos desprendernos de la retórica y el paradigma ilustrado cuando éste invade e inunda todas nuestras instituciones políticas y jurídicas y, sobre todo, nuestro léxico actual. Si, como dice Gadamer:“somos tradición” y tenemos que dialogar con la tradición: ¿Cómo desprendernos de lo que nos ha conformado y constituido?, ¿cómo despojarnos de una tradición ilustrada que ha construido nuestro pensamiento y nuestra crítica? ¿cómo deshacernos de nuestra propia piel una visión de la realidad que ha conformado nuestros valores, principios e sentimientos? Albretch Wellmer ha denominado a esta situación “la persistencia de la modernidad”65.

La tradición constituye, para Gadamer, el sujeto propio del comprender, pues ella determina nuestros planteamientos, prejuicios

64 BERCIANO VILLALIBRE, Modesto, Debate en torno a la postmodernidad, Madrid, Editorial Síntesis, 1998. Rorty, R.: Forjar un país. El pensamiento de izquierdas en los Estados Unidos  del siglo XX, Barcelona, Paidós,1999

65 WELLMER, Albrecht: “Modelos de libertad en el mundo moderno” en  THIEBAUT, C. (eds.)La herencia crítica de la Ilustración , Barcelona, Crítica, 1991.

www.revistauniversitas.org

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