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1. Introducción. 2. El pragmatismo norteamericano: su compromiso ético-político ... - page 28 / 29

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Rafael Enrique Aguilera Portales

Habermas, quien trata de encontrar un punto de vista que esté por encima de la política para legitimar y garantizar la superioridad de los derechos humanos. Rorty cree que este intento es vano, porque nuestros principios democráticos y liberales defienden un único juego de lenguaje posible entre otros. Es inútil buscar argumentos que no sean contexto-dependientes. No es posible derivar una filosofía moral universalista de la filosofía del lenguaje, como intentan Apel y Habermas, por tanto, es absurdo buscar una fundamentación externa a la sociedad liberal. Hay que fomentar la sociedad liberal por sí misma y dejar de dotarla de “fundamentos filosóficos”, porque dotarla de fundamentos es presuponer y preestablecer un orden natural a la confrontación y discusión de léxicos. Desde su pragmatismo conversacionalista, una sociedad liberal es aquella que se limita a llamar “verdad” al resultado de combates, sea cual sea el resultado. Rorty está planteando una redescripción estética del liberalismo a través de la cultura liberal poetizada. En mi opinión, soy escéptico de que una cultura poetizada logre convencer a los nazis, neoliberales de mercado, marxistas ortodoxos, fundamentalistas de todo tipo del privilegio moral de la libertad sin acudir a fundamentos y argumentos racionales.

Para Rorty, no hay nada en la naturaleza del lenguaje que pueda servir de base para justificar la superioridad de nuestras instituciones políticas y jurídicas como los derechos humanos. Insiste en que conectar racionalidad y democracia es absurdo desde la perspectiva del evolucionismo cultural, como si la democracia fuera la solución racional al problema de la convivencia humana. Y que otros pueblos llamados “irracionales” adoptarán la democracia cuando dejan de ser “irracionales”. Lo que se está debatiendo nada tiene que ver con la racionalidad, sino que es una cuestión de creencias compartidas. La acción democrática no requiere de una teoría de la verdad y nociones como incondicionalidad y validez universal, sino más bien una variedad de prácticas y movimientos pragmáticos destinados a persuadir a la gente que amplíe el campo de su compromiso con los demás, de que construyamos una comunidad más inclusiva. Esta es la razón por la que resulta falaz el intento de suplantar la fundamentación de los derechos humanos por una dimensión narrativa.70

El pragmatismo rortiano otorga más importancia a los vocabularios compartidos para la difusión de los derechos humanos que a los argumentos sofisticados de las teorías morales universalistas y racionalistas. El verdadero camino no es encontrar

70 Rorty considera que la literatura y otros géneros de discurso han desempeñado un papel más importante que los tratados filosóficos y jurídicos para promover el progreso moral y de los derechos humanos. Véase el trabajo de THIEBAUT, Carlos:  “Filosofía y literatura: de la retórica a la poética” en Isegoría   nº11,1985, pp. 81-107, p.85.

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