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miniatura comparado con los extraídos en las bateas gallegas, pero estos, son salvajes y con mucho sabor.

Día 2 de julio (domingo) Km. 11.494

La noche ha sido muy tranquila pese a estar situados en pleno casco urbano y rodeados de tiendas de venta de automóviles. Es nuestro último día de vacaciones, nuestro animo se encuentra dividido entre la felicidad de volver a casa y el enojo de tener que esperar un año más para tener la oportunidad para disfrutar de 32 días de vacaciones.

Se trata del último esfuerzo que debemos de hacer desde Arcachón a Madrid, el viaje será de un tirón parando exclusivamente para comer: Nada más incorporarnos a la autopista se produce un enorme atasco de varios kilómetros producido por el pago en uno de los peajes, se acumulan muchos coches que vuelven de vacaciones más los que procedentes de toda Europa van en dirección a España para pasar las vacaciones del mes de Agosto.

A media tarde llegamos a nuestro destino mientras el marcador parcial de vehículo indica 12.159 Km., los doy por bien aprovechados.

CONCLUSIONES:

Durante este viaje el primer suceso que me ha ocurrido es una terrible “adición”. Hay un espacio en el Canal “Viajar” en que bajo el titulo “Por favor, ¡Qué no se entere mi padre!”, el periodista nos lleva a los rincones más difíciles de la tierra y ante las mayores dificultades.

Durante el viaje a Nordkapp me he visto sometido a un conducción extrema producto de la distancia y las dificultades del terreno, durante muchas horas solamente tuve la ayuda del refresco de coca-cola, el café de la mañana y el de media tarde, quizás era una excusa para hacer innumerables paraditas ante un paisaje conmovedor, aprovechaba ese momento para hacer multitud de fotografías de los lugares más bellos del planeta. Poco a poco se convirtió en una necesidad, deje de beber agua para solamente beber coca-cola, era consciente de que mi adicción era progresiva pero no hacia nada para evitarlo. Las visitas continuas a los supermercados se debían a que siempre se había terminado algo, no la leche, no el pan, no la sal, siempre nos faltaba coca-cola. Cuando llegue al Lidl en Finlandia no encontraba lo que me faltaba, busque por todas las estanterías y no lo encontraba, como sustituto allí había una botella parecida pero su nombre comercial era distinto, se llamaba “Kaka-cola” primeramente me dije con este nombre no puede ser nada bueno y lo deje, luego fui a por ello otra vez y lo eche al carro pues en mi interior mi cerebro me demandaba mi dosis diaria, por el contrario, el corazón me decía que no, ¡quéee no lo compreees..!, pues seguro que se trataba un producto con poca calidad, ante este dilema opte por comprarlo, ─siempre puede más el cerebro al corazón─, pero justo antes de pagarlo, la dije a la cajera, ¡espere! ¡espera! ¡no lo marques!, ella no entendía nada, el idioma era distinto yo hablaba español y ella finlandés, ¿tiene algún parecido los dos idiomas?, pero me hizo caso,  allí a la derecha había un stand y en plena cabecera repleto de coca-colas, además, por cierto estaba de oferta.

Que feliz he sido con mi coca-cola he parado en todas las áreas de descanso, ¡niña prepara una coca-cola!. Llevábamos 24 botellas de agua mineral “Lanjarón” para mas señas y hemos vuelto con 15 y, mientras tanto he consumido coca-cola fabricada en toda Europa: España, Francia, Bélgica, Alemania, Dinamarca, Suecia, Finlandia y Noruega, solo lamento el precio y haber tirado a la basura  “0,24 cts.” por botella que te cobran en el momento de la compra, me imagine que no se podría devolver en Suecia las botellas compradas en Dinamarca, en Finlandia las compradas en Suecia y así sucesivamente, pero no, yo no las reciclaba, me ha costado mucho más caro pero que

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