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Comunista. Antes de la primera guerra mundial, ganó renombre entre los revolucionarios por su lucha contra el militarismo. Sentenciado a 18 meses de prisión por su folleto "Militarismo y antimilitarismo". Se ha convertido en símbolo del internacionalismo proletario y de la irreconciliable oposición a la guerra imperialista. Tres de agosto de 1914, se opuso a votar los créditos de guerra en la reunión de la fracción parlamentaria socialdemócrata, aunque, obedeciendo a la disciplina partidaria, votó en favor en la reunión del Reichstag del 4 de agosto. En la votación del 2 de diciembre de 1914, fue el único diputado que votó en contra. Poco antes publicó en la prensa socialdemócrata de Suiza,

juntamente con R. Luxemburgo, Mehring y Clara Zetkin, una declaración contra la posición oficial del Partido. Marzo de 1915, en una votación en el Reichstag lo hicieron en contra de los créditos de guerra Liebknecht y Otto Rühle. En 1915 comenzó a publicar sus "Cartas de Espartaco". A la conferencia de Zimmerwald envió una carta con la consigna de "No paz civil, sino guerra civil; esta es nuestra consigna". Doce de enero de 1916, la fracción parlamentaría socialdemócrata lo expulsó. Primero de marzo de 1916, distribuyó volantes antibélicos en la Plaza de Postdam de Berlín, fue arrestado y condenado a trabajos forzados. Saludó a la revolución de Octubre como ejemplo a imitar, La revolución de noviembre de 1918 en Alemania lo liberó de la cárcel. Junto con R. Luxemburgo y Leo Jogiches (Tyshko), organizó el PCA, que en diciembre de 1919 rompió toda conexión con el Partido Socialdemócrata Independiente (Kautsky y Haase). Como miembro del comité revolucionario, encabezó el levantamiento de obreros de Berlín, en 1919. El gobierno de Scheidemann lo arrestó y fue asesinado por los junkers.

Por el apoyo a la revolución rusa

Karl Liebknecht

Fragmento de Discurso al Congreso Socialdemócrata de Mannheim, 1906:

E

n su informe, Bebel declaró: "Hay situaciones en la vida de los partidos como en la de los pueblos en donde les es necesario alentar el combate enérgicamente, incluso a riesgo de una derrota". ¿Cuál es ahora nuestra actitud con respecto a la revolución rusa, en un momento en que la contrarrevolución se libra a orgías de crueldad y de bajeza tales como la historia nunca ha conocido? La sangre que derraman nuestros hermanos allá, es por nosotros, por todo el proletariado del mundo entero (¡Bravo!), y todo lo que hemos hecho hasta ahora por ellos no es más que una limosna por los sacrificios que consintieron para nosotros en el Este. A pesar de todo lo que hemos hecho hasta aquí, tenemos una deuda enorme con nuestros hermanos y hermanas rusos. No cabe

ninguna duda que a nosotros también, socialdemócratas alemanes, debe aplicarse la palabra: "Más vale ser colgados por los verdugos del zarismo y sus auxiliares que ser los

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