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Rosa Luxemburgo mostró, desde niña, una marcada inclinación hacia la naturaleza y sus bellezas. Ingresó a la Facultad de Ciencias Naturales. Más tarde, en su vida agitada o en las sombras de la prisión, supo refugiarse en estos estudios:

"¿Qué leo? -escribe a Sonia Liebknecht desde la cárcel de Wronke, el 2 de mayo de 1917-. Principalmente libros de ciencias naturales, geografía, botánica, zoología. Ayer leí un libro sobre la desaparición de los pájaros cantores de Alemania; conforme va extendiéndose y racionalizándose, día tras día, el cultivo de los bosques... En efecto, el cultivo racional hace desaparecer poco a poco los árboles carcomidos, las tierras en barbecho, los matorrales... ¡Qué pena me dio la lectura de este libro!" ("Cartas de la prisión").

Sin embargo, su interés dominante se centra en la política y comienza a estudiar economía política, especialmente a los clásicos, a Smith, Ricardo, Marx...

El catedrático de economía política, Wolf, no inspira a R. Luxemburgo ninguna admiración. Al contrario, critica en Wolf su temperamento timorato, su erudición ecléctica, que no llega a profundizar el problema social y sólo toca las cuestiones generales. El catedrático era, pues, el polo opuesto de la discípula. Su crítica al profesor la condensa en estas palabras: "Wolf cortajea en pedazos la substancia viviente de la realidad social" y demuestra que su capacidad es insuficiente, medíocre. Esta crítica no impidió que más tarde Wolf, cuando escribió su autobiografía, evoque a R. Luxemburgo como a una gran personalidad de relevante talento. Sus estudios universitarios culmina con su tesis sobre "El desarrollo del capitalismo en Polonia."

La brillante universitaria era también la militante ardiente y decidida del movimiento obrero de Zurich. Rosa Luxemburgo jamás pretendió pasar de intelectual, su vida y su talento se concentraron tras un solo objetivo: ser una auténtica revolucionaria. En la capital suiza conoció a los emigrados rusos Pablo Axelrod, Vera Sassulitch, Jorge Parvus y también a varios polacos, entre ellos sus futuros colaboradores Julian Marchlewski y Adolfo Warski. De Plejanov, por quien sentía una profunda admiración, y de sus amigos aprendió la doctrina rnarxista. En esa oportunidad también conoció a Leo Jogiches (1876-1919), quien ejerció una poderosa influencia en su desarrollo intelectual y en su formación revolucionaria, pudiendo ser considerado como el forjador espiritual de la extraordinaria revolucionaria.

Jogiches (conocido también como Jan Tyszka) era una persona acomodada y había escapado de Polonia después de haber estado preso por sus actividades revolucionarias. Brillante inteligencia consagrada a la revolución, ocupó un lugar destacado en el movimiento polaco y ruso y, más tarde, alcanzó cargos de dirección en el grupo Espartaco alemán. Fue fundador del movimiento obrero de Wilna. Este centro tiene especial importancia dentro de la historia de la revolución proletaria y de él han salido socialistas de renombre mundial, por ejemplo, Carlos Rappoport, talentoso marxista que se esforzó por formar círculos de oficiales y por ganar al ejército para el movimiento obrero. Jogiches fue encarcelado en la fortaleza de Wilna en 1899 y liberado por haber caído gravemente enfermo. Inmediatamente después se dirigió a Suiza, donde entró en contacto con Rosa Luxemburgo, A partir de entonces se inicia entre ellos una amistad imperecedera, que el tiempo jamás pudo romper.

En 1893, año en que vuelven a reunirse R. Luxemburgo y Jogiches, se planteó la revisión de las bases teóricas y de los métodos de lucha socialistas, que habían imperado hasta entonces. El movimiento polaco había ingresado a una aguda crisis.

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