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La larga controversia dentro del socialismo internacional se originó alrededor del siguiente pensamiento de Berstein: "El objetivo final no es nada, es el movimiento que es todo". En estas discusiones participaron los más grandes socialistas: en Alemania, Parvus, Kautsky, Bebel, Clara Zetkin; en Rusia, Plejanov; en Italia, Cabriola; en Francia, Jules Guesde y Jean Jaurés.

Rosa Luxemburgo se colocó a la cabeza de los enemigos del revisionismo y fue una de las más ardientes defensoras de los principios marxistas. Su celo superó al de Kautsky, que después de la muerte de Federico Engels era la figura más prominente del movimiento obrero internacional. Sus análisis concitaron la admiración de sus propios adversarios.

Los reformistas gritaban: "o la reforma o la revolución". Rosa Luxemburgo respondió: "A la vez las reformas y la revolución. La lucha por las reformas es la lucha por mejores condiciones de existencia de la clase obrera, por la protección del trabajo, por la ampliación de los derechos democráticos en el interior del Estado burgués, es la lucha por crear el clima favorable para la organización y para la educación de la clase obrera". Señaló claramente la táctica de la lucha revolucionaría, como ya había afirmado en el congreso de Zurich (1893): Ia lucha diaria está ligada al objetivo final y este objetivo es la conquista del poder por el proletariado".

Ella combatió a la tendencia parlamentarista de algunos socialistas, subrayando sus errores y sus falsas ilusiones sobre la labor parlamentaria dentro del Estado burgués. Señaló vigorosamente que las actividades electorales y parlamentarias no deben ser más que motivo de propaganda de las ideas socialistas y deben servir de termómetro para medir la influencia del socialismo en el seno de las masas. Al mismo tiempo, luchó contra el abstencionismo y el sectarismo estéril., Dijo que la socialdemocracia debe participar en la acción legislativa y cimentar su fuerza parlamentaria sobre la acción de la clase trabajadora.

La concepción reformista y la acción socialista en el parlamento triunfaron en Francia: Millerand ingresa en 1899 en el gabinete de Waldeck-Rosseau. Rosa Luxemburgo criticó severamente la participación de los socialistas franceses en el gabinete burgués y señaló que tal actitud paralizaría el movimiento obrero revolucionario, que lo desviaría de sus objetivos concretos y que el riesgo era que los arrastraría tras la ilusión de un sindicalismo anarquista, que niega la eficacia de toda acción política.

En el congreso internacional de Arnsterdam (1904) se suscitó una acalorada controversia sobre el ministerialísmo y la colaboración de clases, entre Rosa Luxemburgo y J. Jaurés. Las discusiones se desarrollaron en un plano amigable. Rosa Luxemburgo valoraba el prestigio del orador y militante francés.

En 1903, después de la derrota de los revisionistas en el Partido alemán, rosa Luxemburgo riñó con los jefes alemanes, incluyendo a Kautsky y BebeL Era partidaria de una acción enérgica en contra de los revisionistas, hasta el punto de expulsarlos, si se negaban a retractarse.

La disputa entre Luxemburgo y Kautsky giró alrededor del problema cómo iba a realizarse la revolución. Ella sostenía que era deber del Partido prepararse activamente para la evolución, en lugar de limitarse a hablar de ella; y era completamente contraria a la idea de que la revolución podía ser aplazada hasta que el Partido consiguiese una mayoría parlamentaria que garantizase su transición pacífica.

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