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de personas de diferentes niveles de ingreso. En la obra se invirtieron 585 millones de pesos. En aquel momento se habían vendido ya el 70% de las habitaciones.

Después de observar una maqueta del conjunto y haber visitado algunas de las viviendas, el presidente de México se trasladó a la Villa Olímpica “libertador Miguel Hidalgo”, en donde fue recibido, con cálido entusiasmo, por las autoridades del Comité y un numeroso grupo de atletas. Al fondo de la Plaza de la Paz develó la estela alegórica que lleva la efigie del Padre de la Patria. Luego recorrió algunos departamentos destinados a los atletas, el Club Internacional, la pista de Atletismo, las clínicas médicas y otras instalaciones.

Ese mismo día, el presidente de la República puso en servicio un tramo de 4300 m. del viaducto Tlalpan, entre la Calzada del Hueso y la rama sureste del Anillo Periférico. La obra incluyó dos puentes de 486 y 359 m. respectivamente: aquél para librar las líneas de tranvías que corren sobre la Calzada de Tlalpan y éste para salvar la Calzada del Hueso. Las construcciones -fueron hechas por el Departamento del Distrito Federal y sirvieron para integrar el Sistema Vial Olímpico.

En estos actos de inauguración acompañaron al primer mandatario, el jefe del Departamento del Distrito Federal, el director del Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos, el secretario de Obras Públicas y el presidente del Comité Organizador de los Juegos de la XIX Olimpiada.

La Capilla Olímpica se abrió al culto el 8 de octubre, en una ceremonia presidida por el arzobispo de México. Se construyó fuera del perímetro de la Villa libertador Miguel Hidalgo”, a iniciativa de la Mitra metropolitana, y fue dirigida, durante la estancia de las delegaciones deportivas, por una comisión de dignatarios católicos, evangelistas, ortodoxos, judíos y budistas, quienes oficiaron conforme al horario convenido.

En esa ocasión, el arzobispo Miguel Darío Miranda, y Gómez pronunció un discurso, en el que sobresalieron los siguientes conceptos: “Los hombres que asistan a esta capilla no sólo estarán unidos por los latos de la amistad sincera, sino espiritualmente, y contribuirán a buscar la anhelada paz que espera la Humanidad para alcanzar el progreso que busca en un ambiente justo y amable ... En este templo estarán unidos física y espiritualmente, sin distinción de credos y razas, habitantes de todas las

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naciones del mundo y que esto que parece una experiencia magnífica es realmente el cumplimiento de los preceptos que tratan de unir a los hombres en torno de un Dios y amarse como a sí mismos . . . los Juegos Olímpicos honran a nuestro país y por ello los católicos estamos obligados a coadyuvar a que resulten los más brillantes de cuantos se han realizado en el mundo.”

Las cuotas que cobró el Comité Organizador, por el hospedaje, la alimentación y el transporte a las delegaciones deportivas fueron de $ 100 diarios por persona (Dls. 8), del 12 al 27 de septiembre; del 28 de septiembre al 11 de octubre estos servicios se brindaron gratuitamente; y del 12 de octubre al 7 de noviembre se fijó un precio de solo $ 50 por huésped (Dls. 4). Con esas disposiciones se dio cumplimiento a la obligación que el propio Comité Olímpico Mexicano se impuso en Baden-Baden, al solicitar la sede, y que reiteró después en Tokio el Comité Organizador. Quienes participaron en el Programa Cultural gozaron de estas mismas condiciones, salvo en lo relativo al tiempo de cortesía.

Los demás huéspedes de las Villas pagaron $ 50 diarios si compartían la habitación y $ 100 si preferían habitarla solos. El pago incluyó únicamente alojamiento, transporte y desayuno continental. Por la comida y la cena se cobraron $ 25 en cada caso.

Los huéspedes en las secciones Masculina y Femenina fueron 73 al 12 de septiembre; el 17 eran ya 1036; el 22, 2 301; el 26, 3 120; el 29, 4 484 y el último del mes 5123; el 4 de octubre sobrepasaron los 6000; el 6 llegaron a 7225 y el día 12 se alcanzó el máximo de asistencia con 7 806 atletas y oficiales. Entre el día de la inauguración de los Juegos y el lunes 21 de octubre, cuando ya las competencias de Atletismo habían concluido, abandonaron la Villa 826 personas; y de esta última fecha al 29, dos días después de la clausura, otras 5 988. El 31 de octubre quedaban 46 huéspedes en la Villa y el 7 de noviembre salió el último. (Apéndice l).

La máxima asistencia a la Villa no indica el número de participantes olímpicos, puesto que algunos, una vez registrados, se dieron de baja para concurrir, fuera del Distrito Federal, a las competencias que se celebraron en otros lugares. Tampoco el número total de altas en la Villa corresponde al de los delegados reales, pues muchos de quienes salieron volvieron a hospedarse en Cuicuilco, de regreso de las pruebas foráneas. El total de altas -y

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