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Melita- Yo no sé si usted se enteró de cuando la mujer se le escapó por la ventana. ¡Fue un escándalo en toda Jerusalén! Resulta que...

Después de un rato, los criados aparecieron con la vasija de agua para las purificaciones que son costumbre durante las comidas de los fariseos. Y empezaron por la punta de la mesa donde estaba Felipe.

Natanael- ¡Felipe, hombre, que lo derramas!

Felipe- ¿Qué? ¡Hip! ¿Más vino? ¡Este sí que está fresco! ¡Epa, ábrete gaznate, que ahí va!

Felipe agarró con las dos manos grasientas la vasija y se bebió de un trago el agua de las purificaciones rituales.

Persio- Pero, ¿qué grosería es ésta?

Sara- Ese hombre está borracho. ¡Y mira a la ramerita al lado riéndole la gracia!

Nehemías- ¡Esto es el colmo!

Cuando Felipe dejó la vasija y se limpió la cara empapada con la manga de la túnica, Nehemías, el magistrado, se levantó de la mesa y con aire de gran dignidad salió del comedor.

Magdalena- Y a ése, ¿qué le pasa ahora?

Felipe- ¿Y qué sé yo? La salsa picante, que le habrá revuelto las tripas.

Natanael- No, Felipe, la cosa es contigo.

Felipe- ¿Conmigo? No, Nata, ése se ha ido a la letrina. Estoy seguro.

Entonces el fariseo Persio se puso en pie...

Persio- Lo siento, señores, pero no puedo callar ni un momento más. Me he resistido durante toda la comida. Pero ya no aguan­to. Nehemías, mi amigo tampoco ha podido soportarlo. No, él no ha ido a la letrina como he oído insinuar a alguno de ustedes y, por cierto, al más ordinario. El doctor Nehemías se ha retirado de la mesa porque lo que está pasando aquí le resulta intolerable. Y lo es. Ninguno de ustedes ha cumplido con el rito de lavarse las manos al entrar. Ninguno tampoco se las ha lavado mientras comíamos. ¡Y ahora este individuo, el más grosero que jamás haya visto en mi vida, hace lo que todos hemos podido ver!

Felipe- ¡No me señale usted con ese dedo! Sí, sí, está bien, yo soy un cerdo. Bueno, pues lo siento, ¡caramba!

Magdalena- ¡Ea, paisano, perdónelo usted y sigamos comiendo! Eso, perdonado y en paz. O si usted quiere, le canto una copla para alegrar el ambiente.

Natanael- Cállate, María, que se va a enmarañar más la cosa.

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