X hits on this document

867 views

0 shares

0 downloads

0 comments

12 / 310

Melita- ¡Esto es una desvergüenza! Yo también me voy... ¡"El profeta y sus amigos", ja!

Cuando la señora Melita, muy estirada, se fue del comedor, Manasés, el dueño de la casa, miró a Jesús con desprecio.

Manasés- Hace un momento me hubiera gustado preguntarte, nazareno, a ti que te llaman profeta de Dios, me hubiera gustado preguntarte, digo, por qué tus acompañantes no se lavaron las manos antes de sentarse a mi mesa. Pero veo que tú tampoco lo has hecho. Veo que tú, el maestro, el que debe enseñarles a los demás el camino de la Ley, tampoco cumple la Ley.

Jesús- Y tú la cumples demasiado, amigo.

Jesús se levantó y se apoyó con las dos manos sobre la mesa.

Jesús- Discúlpanos, Manasés. Es la falta de costumbre. Nosotros, los campesinos, no sabemos mucho de buenos modales ni de cosas de éstas. Tenemos las manos sucias…

Manasés- Me alegro que lo reconozcas, Jesús.

Jesús- Pero, a lo mejor, tenemos la lengua más limpia que tu mujer, que se ha pasado toda la comida murmurando del vecin­dario entero.

Manasés- Perdón. ¿He oído bien o...?

Jesús- Sí, has oído bien. Y si quisieras oirías todavía mejor. Escucha, fariseo: lo que ensucia al hombre no es lo que entra por la boca sino lo que sale. Lo que entra, va a la tripa y de la tripa a la letrina. Pero lo que sale viene del corazón: del corazón vienen los chismes, las mentiras, el creerse mejor que los demás. Eso sí que mancha al hombre.

Jesús estaba aún enojado cuando encontró a Nicodemo…

Jesús- ¿Con que tu amigo era más abierto que un libro, eh, Nicodemo? ¡Pues ni el de los siete sellos!

Nicodemo- Está bien, Jesús, está bien, pero... para la próxima vez ten un poco más de mano.

Jesús- ¡Y ellos que tengan un poco menos de lengua, caramba! Que si la lengua creciera como el pelo, ¡vaya tupé que tendrían esas señoras!

Nicodemo nos acompañó hasta Betania, al otro lado del Monte de los Olivos, donde nuestro amigo Lázaro nos esperaba con una sonrisa hospitalaria. Allá, en su taberna, sí podíamos sentarnos a la mesa con las manos sucias.

Mateo 15,1-20; Marcos 7,1-23.

1. En Jerusalén, la clase más adinerada y con mayor influencia social era la de los sacerdotes. Al lado de este poderoso círculo de las familias sacerdotales, estaba una aristocracia laica, formada por

Document info
Document views867
Page views867
Page last viewedSat Dec 10 10:03:53 UTC 2016
Pages310
Paragraphs4836
Words127592

Comments