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bastonazos. La comitiva atravesó la ciudad y entró por la puerta occidental del Templo. Las mujeres y los del grupo íbamos detrás, empujando y dando codazos. Ante nosotros se alzaba ya la torre mal­dita que protegía entre sus muros al gobernador Poncio Pilato. Las banderas amarillas y negras de Roma estaban empapadas por la lluvia.

Soldado- ¡Alto ahí! ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren?

Una hilera de soldados romanos, inmóviles, acorazados, detuvieron a los sanedritas. El sumo sacerdote Caifás se adelantó a res­ponder.

Caifás- Necesitamos ver inmediatamente al gobernador. Es un asunto grave.

Soldado- Pase usted, excelencia. Y ustedes, los magistrados. Pe­ro toda esta chusma, fuera.

Caifás- Ellos no vienen con nosotros. De todas maneras, tampoco nosotros podemos entrar hoy en la fortaleza. Es víspera del gran Sábado de Pascua. Lo prohibe nuestra Ley. Ve y dile al gobernador que se digne salir un momento y atendemos.

Al rato, se abrió una ventana, la que daba sobre la explanada de los gentiles, y apareció Poncio Pilato, con los brazos cruzados so­bre la toga romana, la cara todavía sin afeitar y una mueca de disgusto en los labios.

Pilato- ¿Qué demonios ocurre? ¿No acaba de salir el sol y ya están alborotando?

Caifás- Ilustre gobernador, disculpe que lo hayamos molestado tan temprano, pero créanos, es un asunto urgente.

Pilato- ¿De qué se trata?

Caifás- De este hombre.

Los soldados empujaron a Jesús para que Pilato pudiera verlo desde la ventana.

Pilato- ¿Qué pasa con ese hombre?

Caifás- Que es un delincuente.

Pilato- ¿Y quién no tiene delitos en este país de bandidos y rameras? ¡Júzguenlo ustedes, que para eso el Sanedrín les paga un buen salario como magistrados!

Caifás- Gobernador, se lo hemos traído a usted, porque es asun­to político. Este galileo se ha rebelado contra Roma. Y a Roma le corresponde juzgarlo. Nosotros no podemos firmar la pena de muerte, que es el castigo que se merece.

Pilato- No pueden firmarla, pero, por lo que veo, casi la ejecutan. Ese hombre está muy golpeado. ¿Con qué autorización han maltratado a un prisionero político que me pertenece a mí?

Caifás- Gobernador, mil perdones... El detenido fue capturado en las afueras de la ciudad, en un lugar llamado Getsemaní. Opu­so

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