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Hombre- Dicen que lo llevan ahora al palacio de Herodes.(1) ¡Como es galileo, le toca vérselas con ese canalla!

Vieja- ¡Mira, mira cuánta gente viene!

Muchacho- ¡Jesús es nuestro! ¡Suelten a Jesús!

Las estrechas calles del barrio de Ofel, como los ríos cuando ba­jan crecidos, se llenaron muy pronto de gente que corría, dando gritos, con los puños en alto, hacia la Puerta del Valle, junto a las murallas, donde Herodes tenía su residencia.

Hombre- ¡Libertad para Jesús! ¡Libertad para los presos!

Mujer- ¡Dejen libre al Mesías!

Hombre- ¡Jesús es nuestro! ¡Suelten al profeta! ¡Jesús es nuestro!

Pedro, Santiago, yo y los demás del grupo, que no habíamos dormido en toda aquella larga noche, nos unimos enseguida a la re­vuelta. Las calles estaban resbaladizas por la lluvia y nos apoyábamos unos en otros para no caer. Cada vez se juntaba más gente.

Magdalena- ¡Dejaremos sordo a ese maldito Herodes y tendrá que soltarlo! ¡Y si hace falta, le tumbamos los muros del palacio!

Santiago- ¡Así se habla, magdalena! ¡Jesús es nuestro y lo quere­mos libre!

María, la madre de Jesús, iba del brazo de Susana. También grita­ba, uniendo su voz a la de docenas de paisanos que con sus túnicas y sus mantos empapados, avanzaban por las calles llenas de fango del barrio de los alfareros. A 1o largo de las murallas bajas que rodean el Ofel, la guardia romana había redoblado la vigilancia.

Hombre- ¡Suelten a Jesús, suéltenlo!

Mujer- ¡Ni Roma ni nadie nos quitará al profeta!

Anciano- ¡Israel con su Mesías! ¡Libertad para Jesús!

Soldado- ¿Sacamos las espadas, Tito?

Soldado- Espera órdenes, que no tardarán en llegar. ¡Maldita chusma!

Mientras tanto, a Jesús lo habían llevado fuertemente custodiado desde la Torre Antonia hasta la residencia de Herodes. Cuando los vecinos del barrio de Efraín lo vieron pasar, echaron también a correr detrás de la tropa que lo rodeaba y se juntaron con nosotros frente al palacio del cruel rey de Galilea.

Herodes- ¡Por fin te veo las barbas, Jesús de Nazaret! Tú, tanto tiempo por Cafarnaum y yo en Tiberíades. Hemos sido ve­cinos y aún no nos conocíamos.

Herodes Antipas, tetrarca de Galilea y de Perea, iba a Jerusalén sólo para las fiestas.(2) En la capital residía en un gran palacio

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